Trueque

La adolescente volaba. Despegaba sin esfuerzo apenas se tendía en el lecho y allá iba, en la noche, fisgoneando impune a las ventanas del vecindario.

Asistió a peleas y cópulas matrimoniales, reconoció ansiedades de otros impúberes que velaban con los ojos abiertos, y supo, también, de las atenciones —una flor— que cierto señor maduro reiteraba cada noche que ella pasaba frente a su casa.

Al fin entró por el ramo —pimpollos rojos sujetos por un lazo— dando a cambio algo que, lamentó, fueron precisamente sus alas.

Roberto Oscar Perinelli
No 78, Julio-Agosto 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 549

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