La punta de la madeja

Cuando ella descubrió su primera cana quiso arrancarla de un tirón, pero como el odioso pelo blanco se prolongaba, jaló y jaló, mientras su cuerpo se destejía, hasta que sólo quedó una niña, llorando asustada.

Gustavo Masso
No 78, Julio-Agosto 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 557

El inmovilismo matemático y sus impugnadores

El pensar que dos y dos son cuatro y que no pueden ser tres ni cinco, ha lacerado el corazón humano durante mucho tiempo y, probablemente, seguirá lacerándolo mucho tiempo más. —Housman

Fue un revolucionario, un verdadero innovador, un inconforme. Impugnó el inmovilismo matemático y eso fue su ruina. Simple y sencillamente no podía aceptar que dos más dos fueran siempre cuatro.

Por eso fue acusado, juzgado y condenado. Murió miserablemente, olvidado y amargado.

Ahora, después de tantos años de su muerte, ha surgido un movimiento que pretende reivindicar su memoria, su ideal, su obra. Los iniciadores de esta corriente se basan en el hecho de que, si bien no se ha podido demostrar que dos más dos sean cuatro, tampoco hay bases científicas para afirmar lo contrario; de donde deducen que la creencia —tan generalizada— de que dos más dos no son otra cosa que cuatro, proviene de un error histórico, que la costumbre y la pereza mental secular de la humanidad dio como válido y, no de universales o sofisticadas investigaciones como se supondría que fue.

Los razonamientos de los herederos del “anti-inmovilismo matemático” han tomado tal fuerza que, la premisa de que dos más dos son cuatro, aunque todavía ampliamente aceptada, ha dejado de ser una verdad absoluta.

Armando Murao
No 78, Julio-Agosto 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 555

Joris-Karl Huysmans

Joris-Karl Huysmans

Charles Marie Georges Huysmans (París, 1848 – id., 1907), conocido como Joris-Karl Huysmans,

Fue un escritor francés cuyos trabajos expresan un disgusto por la vida moderna y un profundo pesimismo.

Descendiente de una larga línea de pintores flamencos, Huysmans tuvo una juventud dolorosa (su madre se volvió a casar con un hombre de negocios, protestante: Jules Og). Empezó a estudiar leyes, tras ingresar como funcionario del Ministerio del Interior.

Publicó por su cuenta en 1874 un conjunto de poemas titulado Le Drageoir à épices. Sus primeras novelas, como Marta (1876) y Las hermanas Vatard (1879), estaban inspiradas por el Naturalismo de Émile Zola. Acudía a las veladas del grupo de Médan, para el que colaboró con un cuento, La mochila al hombro sobre sus recuerdos militares. El libro colectivo publicado: Las veladas de Médan constituye de hecho el Manifiesto del Naturalismo.

Empieza a mover su perspectiva. Escribe unos Croquis parisiens de valía. Nuevas obras como En ménage, 1881, y al año siguiente A vau l’eau (A la deriva o Aguas abajo) están llenas de vidas insípidas, muy contemporáneas e implacablemente descritas. Ya resalta su disgusto por un mundo moderno compuesto, dice, por bribones e imbéciles. Le guiaba el pesimista Schopenhauer.

En A contrapelo (1884), con distintas traducciones, famosa novela que se convirtió en modelo del Decadentismo más exquisito, rompe claramente con la estética naturalista; pues las tendencias al artificio por parte del protagonista, Des Esseintes, son otros tantos impulsos hacia un ideal de vida.

Luego, escribe una novela extraña sobre la demonología medieval mezclada con el presente, La bas (1891), que ha tenido diversas traducciones. Es una novela de éxito: Luis Buñuel escribió un guion sobre ella con Jean-Claude Carrière que no llegó a filmarse. El autor mostraba ya cierto desajuste psicológico, pero ese libro llamó la atención.

Muy pronto, en 1892, tras una crisis radical, viró hacia las enseñanzas de la Iglesia Católica, en un ejemplo extremo del misticismo expandido a finales de siglo, y que afectó de modos distintos a figuras como Tolstoi. Sus novelas En ruta (1895) y La catedral (1898) están dedicadas a narrar esa experiencia religiosa. Finalmente se retiró a un monasterio benedictino y murió tras una enfermedad dolorosa el 12 de mayo de 1907. Está enterrado en el Cementerio de Montparnasse en París.

Por otro lado fue uno de los más importantes descubridores del arte avanzado el siglo, como lo muestra El arte moderno. Al fin de su vida estudió a los primitivos del arte.

Fue un escritor admirado por muy distintos lectores, dado sus cambios de gusto. Paul Valéry percibió su novedad, y Marcel Proust lo tuvo muy en cuenta para transmitir sus sensaciones entremezcladas. En los últimos años se han reeditado en Francia sus novelas de nuevo conjuntamente, y se han logrado nuevos libros suyos desde diversas perspectivas, sea París, Zola, sus escritos artísticos, las entrevistas con la prensa, su correspondencia. Se han traducido en diversas ocasiones al castellano y al catalán[1].