Fraude

Todo en ella era erotismo, invitación a hundirse en el sexo. Sus labios extrañamente pálidos, casi transparentes, gruesos, provocaban al beso, a la mordida. Aún sus ojos, también extrañamente vacíos de tan profundos, parecían las negras aguas del deseo. Vestía un humilde traje y un delantal de sirvienta, que no impedían que resaltaran sus mórbidas formas. La derribé en la cama y me lancé sobre ella. Hundí mi lengua en su boca y apreté sus senos, seguramente quemantes por el deseo ya que se debatía murmurando:

¡No, por favor, no! Levanté falda y delantal y mis manos recorrieron sus muslos también quemantes. Y seguía debatiéndose en la marea de su erotismo: ¡No, por favor, no!

Y cuando por fin iba a poseerla, me increpó acremente. ¡Qué se está usted pensando de mí! Yo soy un fantasma pobre pero decente.
Y desapareció.

Edmundo Báez
No. 99, Julio-Agosto 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 475

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