Minificción 1000 a 9 meses de creado el blog.

Una feliz coincidencia:

Hoy se cumplen 9 meses desde que el blog: Minificciones de “El cuento, revista de imaginación” inició sus publicaciones. Y hemos llegado a la minificción No. 1000 en 32 números revisados, con 1287 spots y 239 autores en la Galería.

Gracias a los más de 120 seguidores del blog quienes han sumado más de 25 mil páginas leídas.

Entre otros sucesos recibimos testimonios de varios autores que agradecen y celebran la presencia del blog y sus publicaciones. Recibimos comentarios de familiares de autores que encuentran, inesperadamente en nuestro blog, textos que les rememoran bellos momentos con aquellos que los escribieron. Las conmovedoras palabras de ambos casos, nos dan acicate para continuar con entusiasmo.

Los número uno:

Autor más publicado: Javier Quiroga G.
Publicación más leída: Augusto Monterroso
Autor más leido: Augusto Monterroso
Minificción más leída: Un cuento para después de hacer el amor con una mujer a la que posiblemente no volveremos a ver. De Marco Tulio Aguilera Garamuño.
Artículo más compartido: El cuentista de los cuentos del Cuento. De Agustín Monsreal.
Origen más usado: Google.com.mx
Término buscador más usado:Augusto Monterroso
Blog que remite más visitas: http://www.arcaficticia.com
Clik más señalado: La portada del Cuento No. 3
Día con más visitas: 29 de Mayo de 2012.
Comentarista Nº 1 del blog: ROSIO
Seguidor Nº 1 de Facebook: Lupita Nava y Rony Vázquez Guevara

Acéfalo


Dicen que no hace más que caminar por el mundo. Casi siempre remoza las huellas de sus pisadas, que forman increíbles hondonadas a extramuros. Da gusto esta costumbre suya. Indica que es respetuoso y metódico, y que no pretende borrarnos de la faz de la tierra. Nuestra gratitud es inconmensurable.

Es iluso esperar que nos ahorre las tremendas trepidaciones que producen sus pisadas. ¿Qué sentido tendría el mundo si él pusiera término a su rutinario y acompasado deambular? Démonos por bien servidos que permanezca fiel a esa costumbre suya: tan inmemorial, tan auspiciosa. Nuestra supervivencia reside en la buena voluntad de sus pies. Su torso y sus hombros se pierden allá arriba en el cielo. Nadie jamás ha podido ver su cabeza.

Rogelio Llopis Fuentes
No. 99, Julio-Agosto 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 498

La eterna sombra


Amablemente, con todo respeto, le rogaba, le insistía a mi madre que se marchara, que se fuera, que ya no estuviese más a mi lado; pero ella no se iba…

—¿Cuándo acabará por irse, madre? Ya cantó la alondra, el sapo y el gallo, querido, venerable vejestorio. Ya se casaron y murieron sus demás hijos; ya tuvo nietos y bisnietos, y descendientes cuya progenie pasó hace siglos por la vida. Váyase ya, es su hora. Mire, que yo no quiero reírme de usted: es tan paca, tan apagada, mi risa, incapaz de cualquier estruendo. Mi risa y mis insultos son indignos de usted, querida madre. Por favor, márchese…

Pero mi madre no se va. Está siempre junto a mí para salvarme, para salvarme de mi maravillosa perdición.

Xorge del Campo
No. 99, Julio-Agosto 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 497

El crápula


Ya vas, barrabás, no se me entuma, mi osterizer, vamos a girarla, las chamacas ahí son suaves, huelen a perfume caro, no como las aceitosas que te levantas, éstas son carne de primera, puro filete, enfúndese en su tacuche, póngase sus canadá, y a lo mejor hasta colchonazo ligamos. Recuerde mi carnal que la lujuria es la mejor compañera del hombre, y éstas tienen una cara de que te lo voy a dar, están como el alka-seltzer, pura efervescencia, con sus burbujas de placer, no más de pensar en ellas me da la calorina, no sea rajón, mire que siempre he sido sujeto de palabra, verdad de Dios, qué tiene de malo echarse un horizontal, hasta le van a salir chapitas, no es que sea yo un crápulo, que nomás ando de sonsacador, pero mire, de qué le va a servir quedarse aquí nomás llorándole a la comadre, si ella ya está acomodada en su cajón, y como ya se enfrió, ni se va a enterar.

Adriana Q. de Valadés
No. 99, Julio-Agosto 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 501

Espejo


Cuando usted sale de su casa obsesionado con la idea de comprarse un espejo, se puede decir que ha dado por vez primera un gran paso en su vida. Pero si a más de dicha decisión descubre que no sea un espejo cualquiera, sino uno especial que se adapte a su temperamento, a su carácter y a su figura, se podría decir que usted sabe lo que quiere de la vida. Y si después de recorrer toda la ciudad, de pronto se descubre en un viejo barrio judío discutiendo el precio de un insignificante y carcomido espejo, usted pensará que la vida y el destino han sido pródigos al brindarle esa oportunidad. Y si al llegar a su casa con el espejo se va directamente al baño, lo cuelga, lo cuadra y luego se mira durante un largo instante en él, tratando de encontrar su imagen que no aparece por ningún lado, entonces usted tendrá que aceptar la realidad de su muerte.

Harold Kremer
No. 99, Julio-Agosto 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 504