Alternativa

La máquina del tiempo se detuvo y salí al aire primaveral de las postrimerías del siglo diecinueve. Mi misión era impedir a toda costa el nacimiento de Siegfried Schmidt, el peor tirano de siglo veinte.

No me proponía ejercer ninguna clase de violencia; simplemente iba a localizar a un jovenzuelo llamado Johann Manfred Schmidt para regalarle treinta mil marcos de la manera más discreta posible. Tal suma le permitiría aliviar su precaria situación económica y trasladarse a Berlín para completar sus estudios, como siempre había sido su deseo, evitándole así el conocer a la que de otro modo llegaría a ser su esposa y la madre de Siegfied.

Después de haber cumplido satisfactoriamente con los detalles del plan delineado regresé al siglo veintiuno.

“¿A qué viene esa sonrisa bobalicona; Horscht?”. Me preguntó el doctor Steinitz amargamente cuando salí de la máquina del tiempo. “Has fracasado. Adolph Hitler apareció en la historia a pesar de tu intervención.”

Lo miré extrañado. “¿Adolph Hitler? ¿Quién demonios es ese Adolph Hitler?”

Manuel R. Campos Castro
No. 99, Julio-Agosto 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 529

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s