Otros mundos

Mi madre y mi padre tenían su mundo: “Ahora no, déjanos a papá y a mí solos”. Mis hermanos mayores tenían su mundo también: “Vete, tú no sabes aún de estas cosas”. Los menores se encerraban en el suyo: “¿No te das cuenta? Ya eres muy grande”. Nunca supe cómo era el de aquel que un día me preguntó: “¿Vendrás conmigo, esta noche, a mi departamento?”. Mis amigas: “No tengo tiempo, si quieres puedes venir pero tengo tanto que cocinar, limpiar, cuidar nenes, que apenas puedo conversar”. Después, él: “Por favor, no interrumpas, los libros requieren concentración, si no fracasaré ¿qué me espera si los abandono?”. “Querida, debes ir tu sola, tengo mucho trabajo”. Y …

“Oiga, usted, la que está junto a la reja ¿no me oye?. Venga a ponerse el uniforme”.

María Teresa Florez
No. 73, Julio-Septiembre 1976
Tomo XI – Año XII
Pág. 753

Reencuentro




La mujer le dejó saber con la mirada que quería decirle algo. Leoncio accedió, y cuando ella se apeó del bus él hizo lo mismo. La siguió a corta pero discreta distancia, y luego de algunas cuadras la mujer se volvió. Sostenía con mano firme una pistola. Leoncio reconoció entonces a la mujer ultrajada en un sueño y descubrió en sus ojos la venganza.

—Todo fue un sueño —le dijo—. En un sueño nada tiene importancia.

—Depende de quien sueñe —dijo la mujer—. Este también es un sueño.

Luis Fayad
No. 73, Julio-Septiembre 1976
Tomo XI – Año XII
Pág. 751

Luis Fayad
No. 86, Marzo-Abril 1981
Tomo XIV – Año XVI
Pág. 624

Luis Fayad
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 435

José del Río Sainz

José del Río Sainz.

Nació en Santander en 1884 y muere en Madrid en 1964. Estudió náutica y fue marino hasta 1936, fecha desde la que se dedicó al plenamente al periodismo, cuya actividad llevaba ejerciendo desde unos veinte años antes y en la que permaneció hasta su muerte; fue a la vez un notable poeta (Versos del Mar y de los viajes, 1912, Poemas de la Costa, Hampa, 1923). Fue corresponsal en la guerra de Marruecos.

Los diarios de Santander “Alerta”, “La Atalaya”, “El Atlántico”, “El Cantábrico”, “El Diario Montañés”, “La Vozde Cantabria” y “La Gacetadel Norte” y los publicados en Madrid “ABC” e “Informaciones”, recogen lo más importante de su obra periodística, publicada, en columna propia o como corresponsal, con su propio nombre o pseudónimos (“Pick”, “El Peatón”, “Juan del Mar”, entre otros).

A veces figuran sin firma, con una silueta en negro, en la que se inspira el monumento a su memoria en la ciudad de Santander. Las series de artículos más conocidas llevan los nombres de “Por Castilla a Pie”, “De Santander a Madrid a pie”, “Crónicas de Melilla”, “Impresiones de un cronista de guerra”, “Proyecciones literarias”, y “Memorias de un periodista Provinciano”. Una de sus columnas “Aire de la calle” fue publicada en un libro del mismo título en 1933. Escribió también alguna obra teatral y zarzuela, varias biografías y estudios sobre escritores y literatura montañesa.

Popularmente conocido por Pick, el seudónimo que utilizaba en sus escritos (a parte de El Peatón o Juan del Mar, entre otros), fue navegante, periodista y gran poeta del mar. Fue nombrado Socio de Honor del Ateneo de Santander, en 1925 recibió el premio Fastenrath de la Real Academia Española por su libro “Versos del Mar” y otros poemas, y asimismo la Federación Nacional de Asociaciones de Prensa de España le elige Periodista de Honor. Erróneamente, la Leyde Cantabria 3/1987, de 6 de Marzo, por la que se establece el Himno de Cantabria y se regula su uso afirma que José del Rio Saínz es el autor de los arreglos pertinentes para que el Himno de la Montaña compuesto en 1926 pasase a ser Himno de Cantabria[1].

 


La barda

Los problemas se habían sucedido uno tras otro. Toda la vida. Pero tenía una voz clavada. Una frase metida. “Detrás de la barda”. Detrás de la barda está. ¿Buscas flores? Detrás de la barda a veces hay. ¿Buscas amor? Detrás de la barda a veces hay. ¿Buscas a alguien? Detrás de la barda a veces hay. ¿Buscas un paisaje? Detrás de la barda a veces hay. ¿Buscas la felicidad? Detrás de la barda a veces hay. Se encontró frente a la barda. Nunca había sido hombre de decisiones. Y esta vez tampoco podía tomarla. Pero se aventuró. Y la brincó. Es cierto. A veces hay flores. Y amor. Y gente. Y árboles. Y vida. Y paisajes. Y todo. Pero por causa del destino, se volvió hacia la barda que había dejado atrás. Y la vio. Regresó a su mente la frase. “Detrás de la barda”. Entonces pensó: ¿Cuál es el correcto? ¿Este lado, o el otro?

José del Río
No. 73, Julio-Septiembre 1976
Tomo XI – Año XII
Pág. 747