La niña

Las sonrisas de la niña invadían el salón de clases. Habitaban en su boca, confiadas en asomarse a la menor provocación. Sentíanse orgullosas de dientes tan blancos, de tez tan sonrosada.

En el rostro enjuto de la instructora, la expresión agria y reprobatoria iba en aumento:

—¡Niña, mostrando los dientes de esa manera acabarás con ellos, se te caerán a pedazos, será la tuya una boca desdentada!

Las sonrisas se escondieron sobrecogidas. El gusto salobre que lamía la niña las asustaba.

Mientras tanto, la instructora dio por terminada la lección, tomó su negro bolso y satisfecha, se encaminó a casa. En la penumbra de su cuarto, puso sus muecas a flotar en un vaso.

Gloria de Hirose
No. 73, Julio-Septiembre 1976
Tomo XI – Año XII
Pág. 773

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Cuento con final feliz

Después de meses de espera angustiosa, de algunas cartas desesperadas, un gris día de invierno, el pobre hombre encontró sobre su escritorio un sobre amarillo con el ejemplar número sesenta y siete de la revista “El cuento”…

Edmundo Moure Rojas
No. 73, Julio-Septiembre 1976
Tomo XI – Año XII
Pág. 769

El Talmud

El Talmud

Es una obra que recoge principalmente las discusiones rabínicas sobre leyes judías, tradiciones, costumbres, leyendas e historias. El Talmud se caracteriza por preservar la multiplicidad de opiniones a través de un estilo de escritura asociativo, mayormente en forma de preguntas, producto de un proceso de escritura grupal, a veces contradictorio.

Más que de un único Talmud se puede hablar de dos: el Talmud de Jerusalén (Talmud Yerushalmí), que se redactó en la recién creada provincia romana llamada Philistea, y el Talmud de Babilonia (Talmud Bavlí), que fue redactado en la región de Babilonia. Ambos fueron redactados a lo largo de varios siglos por generaciones de rabinos de muchas academias rabínicas de la antigüedad.

El judaísmo considera al Talmud la tradición oral, mientras que la Torá (el Pentateuco) es considerada como tradición escrita. El Talmud extiende, explica y complementa al Tanaj, pero no puede, por definición, contradecir a la Torá. El paradigma de la halajá (‘ley judía’ en hebreo) subordina la autoridad del Talmud a la de la Torá.

El Talmud está dividido en dos partes, la Mishná y la Guemará.La Mishná a su vez esta formada por 6 órdenes (sedarim):

Existen dos Talmud: El de Jerusalén y el de Babilonia. El sistema de redacción del Talmud consiste en una serie de leyes basadas en la tradición oral de La Torá que fue redactada en un libro llamado (Mishná) a cuyos autores se les conoce como “Tanaim”. Ésta es idéntica tanto en el Talmud de Jerusalén como en el Talmud de Babilonia. La Guemará son las discusiones de sabios conocidos como “Amoraim” que explican la Mishná, y sus explicaciones fueron escritas en arameo. En estas explicaciones está la diferencia entre el Talmud de Jerusalén y el de Babilonia, mas las dos llegan a la misma conclusión solo que por caminos distintos.

En cuestión temática el Talmud se divide en Halajá (textos de carácter legal) y Hagadá (parábolas e historias). La tradición oral del Pentateuco transmitida a Moisés está en su mayoría en el Talmud, es por eso que es un libro fundamental de estudio para la religión judía[1].

 

Historia de Joni


Dice R. Yohanán, durante toda su vida, este justo estuvo preocupado por el texto: cuando el Señor hizo regresar a Sión (a los cautivos), estábamos como aquél que sueña . Y se preguntaba: ¿acaso setenta años pasan como un sueño?.

Un día que Rabi Yohanán iba por un camino encontró a un viejo que estaba plantando un algarrobo, y le dijo: este árbol produce frutos al cabo de setenta años, ¿crees que vivirán lo suficiente para poderlos comer? El hombre le contestó: cuando era niño había en el mundo millares de algarrobos que mis antepasados plantaron para mí, del mismo modo los planto para mis descendientes. Acto seguido, Joni se sentó al pie de un árbol y se quedó dormido; a su alrededor se formó una cueva de manera que la gente no podía verle, y así durmió setenta años. Al despertar, vio que un hombre recogía los frutos del algarrobo aquel y los comía, y le preguntó: ¿sabes quién planto ese árbol? —Mi abuelo, —contestó. Y entonces Joni exclamó: pues sí, setenta años trascurren como un sueño.

El Talmud en (Taanit 23.a)
No. 73, Julio-Septiembre 1976
Tomo XI – Año XII
Pág. 765