La niña

Las sonrisas de la niña invadían el salón de clases. Habitaban en su boca, confiadas en asomarse a la menor provocación. Sentíanse orgullosas de dientes tan blancos, de tez tan sonrosada.

En el rostro enjuto de la instructora, la expresión agria y reprobatoria iba en aumento:

—¡Niña, mostrando los dientes de esa manera acabarás con ellos, se te caerán a pedazos, será la tuya una boca desdentada!

Las sonrisas se escondieron sobrecogidas. El gusto salobre que lamía la niña las asustaba.

Mientras tanto, la instructora dio por terminada la lección, tomó su negro bolso y satisfecha, se encaminó a casa. En la penumbra de su cuarto, puso sus muecas a flotar en un vaso.

Gloria de Hirose
No. 73, Julio-Septiembre 1976
Tomo XI – Año XII
Pág. 773

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