La última camiseta


Pertenezco al género confesional. Soy un hombre que siempre busca confidente. Muchas veces a una persona que acabó de conocer le arrojo el tonelaje como un camión de volteo. Quiero morir sin que haya quedado oculta una sola de mis acciones. Entre sacerdotes de la infancia y médicos de la juventud, y amigos y amigas de todas las épocas, está mi vida hasta en lo más vergonzoso. Todavía me queda esta última camiseta… hasta el hueso, pues.

Juan José Arreola
No. 73, Julio-Septiembre 1976
Tomo XI – Año XII
Pág. 784

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Un personaje en apuros

Las aventuras del personaje concentraban la atención de Leoncio en las páginas de la novela. El personaje huía de varios hombres armados que lo perseguían por callejuelas oscuras, saltando tapias, introduciéndose entre matorrales salvadores. Leoncio se aferraba al libro, excitado, haciendo suya la angustia del personaje. Los hombres acortaban a cada instante la distancia, con un tremendo esfuerzo pues el personaje demostraba ser hábil, pero lograron por fin cercarlo contra una pared para concluir su propósito. Leoncio no pudo reprimir su ansiedad y gritó:

—¡Deténganse!

La escena quedó inmóvil. El personaje miró a Leoncio y dijo:

—Es la primera vez que alguien interviene, pero mejor cállese: así la cuestión no funciona,

Luis Fayad
No. 73, Julio-Septiembre 1976
Tomo XI – Año XII
Pág. 783

El tiempo, ese conocido


¡Es igualito a mi coche”, pensó. “La misma marca, el mismo modelo, el mismo color”. “Y hasta la dama que lo maneja se parece a mí”. “Pero más gorda y, por supuesto, más vieja”. Durante un largo trecho, a pesar de los vaivenes del tráfico, ambos autos siguieron casi paralelos. Y siguió manejando, tensa, divertida, preocupada, cavilando sobre semejanzas, coincidencias y parecidos, admirándose que el verdor de los árboles aún le causara tanta alegría, recordando que ya casi se le había acabado el gasto.

Tal parecía que nunca fuera a llegar a su casa, las calles se extendían interminables a su paso, claras, grises, angustiosamente familiares, como años ya vividos o años por vivir, era el mismo camino de siempre, el más directo, el que tenía menos topes y cruceros peligrosos y las esquinas se abrían de pronto como vibrantes presagios y en el horizonte se acumulaban nubes amenazadoras o nubes simplemente, nubes que se desvanecían cuando se les miraba. Por fin llegó. Al bajarse del auto se dio cuenta, vagamente que estaba cansada y que traía un raspón en la salpicadura. Entró a su casa, esperaba oír los gritos de su hijo de 4 años reclamando su acostumbrada dona pero todo estaba en silencio. Entró al baño y mientras se lavaba las manos se enfrentó, serena y confiada, al espejo. Su propia imagen la llenó de ternura, casi de respeto, se sintió indulgente, plena de tolerancia y buena voluntad. “El joven avisó que se quedaba a cenar con unos amigos”, gritó la sirvienta desde la cocina. Y ella, sin contestar, sonrió agradecida desde la luminosa profundidad del espejo.

Ana F. Aguilar
No. 73, Julio-Septiembre 1976
Tomo XI – Año XII
Pág. 781

La misiva y la rotonda

“IMPRESIONANTE, en sumo grado, resultó el desfile en honor del Traidor. Todos los países que sostienen amistosas relaciones y vínculos de solidaridad con el nuestro, enviaron sus respectivos embajadores y cónsules, mismos que depositaron gravemente sus ofrendas florales e hicieron guardia en el hemiciclo al Canalla”…

Tal es el recorte, que te envío, de una de las crónicas periodísticas de este país en el que elevan estatuas a los déspotas, conmemoran los natalicios de los tiranos y erigen rotondas a todos los hombres vascas de la humanidad.

Sus calendarios giran festejando la quema de la biblioteca de Alejandría, la traición de Judas o la matanza de Cempoala. Sus vacaciones se inician con el aniversario de la inauguración de los primeros hornos cremáticos y los bombardeos sobre Hiroshima y Nagazaki. Sus días de júbilo nacional conmemoran el inicio de la Inquisición, Gestapo, C. I. A. o F. B. I. Es famoso su carnaval con ocasión de la conmemoración del primer bombardeo sobre Viet-Nam…

Aunque también tienen sus días de duelo nacional: Luto por la abolición de la esclavitud; banderas a media asta con paños negros, al llegar un año más de la proclama de los Derechos Humanos; campañas a duelo lamentando el atentado contra Don Corleone o la desintegración de la Mano Negra.

Algo que te dirá más que todas mis diapositivas y films será lo siguiente: sus instituciones religiosas y docentes ostentan nombres tan sugerentes como: “Central Universitaria Cayo Julio Calígula — Instituto de Investigaciones Científico-Pacíficas Harry S. Truman — Centro de Relaciones Interhumanas Adolfo Hitler — Catedral del Iscariote — Arquidiócesis de Nerón — Templo 666”…

Hace unas horas me hallaba sacando unas fotografías al grupo esculpido en bronce en honor del Verdugo Desconocido.

Antes de marcharme atenderé la recomendación del departamento de turismo, misma de los cicerones y habitantes todos, de visitar la Rotonda.

Me dicen que la atmósfera que rodea a aquellos inquisidores, traidores, filicidas, déspotas y canallas que en ella figuran, es de lo más emotivo e inolvidable de este mundo…

Los souvenirs son una sorpresa más.

Martes en el aeropuerto.
Saludos.

Florentino Chávez
No. 73, Julio-Septiembre 1976
Tomo XI – Año XII
Pág. 779