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Anuncio de LA WILLYS OVERLAND (1915)

No. 77, Junio 1977
Tomo XII – Año XIII

Censo difícil


La sociedad de Investigaciones Metafísicas de Inglaterra ha formado hace poco un censo de los fantasmas cuya aparición “está demostrada por declaraciones de testigos”. Incluye 457 espíritus de ambos sexos, con la indicación de la fecha, el tiempo y el lugar en que fueron vistos. Un censo análogo se realizó en 1933. Entonces se registraron tan sólo 404 fantasmas.

Revista “Tiempo”
No. 73, Julio-Septiembre 1976
Tomo XI – Año XII
Pág. 798

Libertad

Creció con la obsesión de ser por siempre libre. Nunca quiso comprender que los seres humanos nacemos sin conocer la verdadera libertad; así probó todos los oficios; recorrió todos los caminos, buscando la libertad ansiada.

Intentó volverse gota de rocío, pero luego sería nube, después lluvia y en el mar quedaría prisionera. Se arrepintió de querer ser viento, cuando supo que estaría unida siempre a los huracanes; si se convertía en pájaro, perdería la libertad dentro de una jaula dorada.

Tomó la decisión de convertirse en Mariposa; fue tan fuerte su deseo que le salieron alas multicolores y bellas; entonces se sintió dueña de sí misma, y volando de flor en flor se sentía, al fin, libre…

Más, no se acordó de los coleccionistas, y un día sus alas toparon con una pared. Cuando estaba ya moribunda, preparada para una vitrina del Museo de Ciencias Naturales, comprendió.

Salvador Herrera García
No. 73, Julio-Septiembre 1976
Tomo XI – Año XII
Pág. 793

La mano izquierda

Ayer me levanté temprano. Sabes que ni siquiera pude dormir bien. Quise ver el reloj. Creo que eran las cinco. Desayuné. Después de todo, eso nada tiene que ver con el Concierto Pianoforte de Beethoven o con el Dueto de la Creación de Haydn.

Mi perro, tu los conoces muy bien, casi chocaba su aliento con el mío. El tiempo avanzaba. Sabes lo que le temo a eso y mi cuerpo lo sintió.

Estaba solo. Vinculado a la vida del perro. Él quiso olvidarme. No lo hizo. El piano negro se lo impidió. Sentí deseos de tocarlo…

Sabes lo mal que me siento cuando toco ante el público. Recuerdo que hubiera sido mejor dedicarme a la composición o a la armonía. Pero el público me emocionaba. Mi madre dice que soy sensible. Solamente recuerda el día en que ingresé al conservatorio: Eugenio Morán… extraña capacidad (y luego, más adelante) genio musical.

Traté de mirar al piano todo el tiempo. Casi podía oír ¡qué extraño! La Sinfonía Patética. Era un sonido soberbio. Y pensé: así tocaré esta noche…

Bajé la cabeza y vi mis brazos apoyados en las piernas. Los levanté un poco. Mi mano derecha quedó colgando en el vacío. Miré la mano izquierda. ¿Sabes?, casi había llegado a olvidar que me la habían amputado.

Rosa Laura Montoya
No. 73, Julio-Septiembre 1976
Tomo XI – Año XII
Pág. 789