La mujer ideal


Lo que ha faltado sobre todo hasta el presente a mi vida ha sido simplicidad. Poco a poco comienzo a cambiar.

Ahora, por ejemplo, siempre que salgo, llevo mi cama conmigo, y cuando una mujer me agrada, la tomo y me acuesto con ella al instante. Si sus orejas o su nariz son feas y grandes se las quito juntamente con la ropa y las pongo debajo de la cama. Allí las encontrará ella al partir. Sólo guardo lo que me agrada.

Si su ropa interior ganara al ser cambiada, la cambio en seguida.

Ese será mi regalo. Si entre tanto veo otra mujer más agradable que pasa, me excuso ante la primera y la hago desaparecer inmediatamente.

Personas que me conocen sostienen que no soy capaz de hacer eso que digo; que no tengo suficiente temperamento para ello. Yo también lo creía así, pero era porque no hacía todo como se me antojaba.

Ahora, paso siempre muy lindas tardes. (Por la mañana trabajo)

Henri Michaux
No. 94, Septiembre-Octubre 1985
Tomo XIV – Año XXI
Pág. 768

El insomnio del guerrero

Libré al pueblo de nefastas plagas; ahuyenté las serpientes que invadieron templos y jardines; luché contra los lobos que inquietaban por igual a los rebaños y el sueño de los santos. Pero, ¿cuándo y cómo podré dormir si me paso las noches combatiendo a las pulgas que a diario se multiplican, me atacan y succionan mi sangre de héroe victorioso?

Roberto Bañuelas
No. 94, Septiembre-Octubre 1985
Tomo XIV – Año XXI
Pág. 763

Accidente


Un escolar extendió en el piso su cuaderno de geografía. Lo miró tanto que terminó maravillándose ante la perfección de un mapa. Se hizo pequeñito y comenzó a caminar por el país que había dibujado.

Murió ahogado en un lago de tinta fresca.

Juancarlos Moyano Ortiz
No. 94, Septiembre-Octubre 1985
Tomo XIV – Año XXI
Pág. 762

Juan Carlos Moyano Ortiz
No. 100, Septiembre-Diciembre 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 700

Semblanza histórica

Chaparrito y malencarado, tan persistentemente desdeñoso del trabajo del otro como ineficiente en el propio, una mañana, en la oficina de Fomento Agrario del Municipio de Pincheagua, cuando se disponía a quemar los documentos que evidenciaban el cuantioso fraude en el que había participado, fue sorprendido y cesado por su jefe inmediato: un chaparrito malencarado, tan persistentemente desdeñoso del trabajo del otro como ineficiente en el propio, que una mañana…

Jaya Cotic
No. 94, Septiembre-Octubre 1985
Tomo XIV – Año XXI
Pág. 759