Libertad bajo palabra

Era una pintura muy interesante. De la escuela figurativa. Un doloroso realismo llameaba en el conjunto y ya en detalle cada pincelada era como una luminosa vibración de la sensibilidad del artista. Toda la imprevista constelación de colores y sombras, la aspereza y tersura de la perspectiva, el ritmo de los volúmenes sobre la diáfana desnudez del espacio se conjugaban en la figura de un hombre. Un ser humano en un instante único y múltiple de su vida donde se resumían todos los minutos, horas, días y años ya vividos y donde lo acechaban insaciables esos mismos fragmentos de tiempo que aún tenía por vivir. Un perpetuo movimiento plasmaba en la tela de diaria rutina de los actos y deseos de este hombre, el nebuloso perfil de sus añoranzas o presentimientos, su gloriosa soledad, sus temores, su orgullo y desamparo. Todo esto y más y menos se delineaba y esfumaba dentro de los límites del marco. Allí estaba cuando reía y jugaba con su hijo y bebía vino con sus amigos y hacía el amor con su mujer, sus insomnios, la campana del despertador todas las mañanas, la piedra de Sísifo de su diario trabajo. Un día este hombre supo, tal vez nada más lo presintió, que no era únicamente una pintura. Y entonces se salió del marco y caminó, seguro y confiado, por la desierta galería que se abría ante él. No pensaba o anhelaba nada en concreto, sólo sabía que era libre y que iba al encuentro de la luz callada y distante de las estrellas, de bosques y bosques de pinos, de lagos como sus sueños de adolescente pero de pronto se encontró manejando, de regreso a su casa, a las seis de la tarde, por el carril de en medio del Periférico, haciendo cálculos mentales de lo que tenía que pagar y de lo que le quedaba en el banco y deseando ardientemente llagar a su hogar dulce hogar a ver el partido de football en la T.V. Esperanzado se sonrió a solas y aceleró la marcha hasta plasmarse nuevamente en la ávida superficie de la tela.

Ana F. Aguilar
No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII
Pág. 44

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“A una certaine Eure”
(Toyen)

No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII

La pesadilla

El horrible hombre arrastrando su pata seca, blandiendo el hacha entre sus peludas manos, empezaba la continua persecución a la niña por los pasadizos y corredores de la enorme casa. Cuando perdida la esperanza de escapar, la niña, viéndolo acechante correr hacia ella y levantar el hacha, no soportaba más, gritaba, entonces despertaba. Y así las sucesivas noches… Hasta la noche en que la niña no quiso gritar para no despertar más a sus padres quienes acudían entre somnolientos y aburridos a socorrerla de los gritos de pesadilla. Al otro día, en la mañana, su madre al abrir la puerta del cuarto, antes de dar un sonoro grito de desmayo, alcanzó a ver una figura algo humana de un cuerpo tendido en la cama con más de media hacha metida en el pecho aún sangrante. El padre corrió y encontró en un rincón del cuarto a la niña sollozando babeante entre sus mocos.

José Marcelo del Castillo
No. 94, Septiembre-Octubre 1985
Tomo XIV – Año XXI
Pág. 807