Burgués

…Aquel hombre había logrado convencerme: el único medio de terminar con la burguesía es la vía armada. Así que hube tomado el revólver, comencé a buscar a un burgués con el cual hacer un ensayo de exterminio.

…Cuando le apunté me temblaron las manos. Un sudor helado me recorrió la frente casi con tanta lentitud como el paso de aquellos segundos tan largos, que luego la gente había de decir: “si fue cosa de un segundo”, mientras me quitaban el revólver de la mano inerte, misma con la que había escrito “no se culpe a nadie de mi muerte”.

Ariel Lemarroy
No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII
Pág. 57

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En forma de V


En el zoológico creí ver una pareja de jirafas.

Sólo después de observar durante bastante tiempo advierto lo evidente; que es una jirafa de dos cabezas.

Mientras miro a este animal, raro por su cuello en forma de V, los demás espectadores no hacen ningún comentario ni parecen extrañarse de esta rareza.

Yo me cuido muy bien de no llamar la atención sobre ello.

A. F. Molina
No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII
Pág. 54

A la caza del león

El espejo reflejaba el bien delineado y cuidado rostro. Las rayas y sombras delicadamente marcadas enlutaban los ojos haciéndolos ver más grandes. Voluptuosamente, semejando una intensa cópula, los labios se juntaban tratando de fijar el rojo brillante del lápiz labial. La diaria obra de arte había llegado a su fin y la coraza pictórica estaba de nuevo lista, para la constante competencia en la jungla exterior.

Con un rápido y rítmico taconeo, nerviosamente se dirigió a la puerta, a la vez que las sospechas jugaban en su cabeza con el corazón.

—Ahora es mío… ¿Me amará?… Creo que estoy bien… El perfume; espero que este conjunto le guste… Parece tonto… Espero que no se tan impulsivo como los demás…

La delicada mano había alcanzado la perilla de la puerta. sin embargo, un repentino pensamiento la hizo retroceder…

—¡Caray! ¡Qué olvido!… Debo tener más cuidado, si no, también lo perderé… ¿Dónde habré dejado los senos?

Luis Quijano Rivera
No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII
Pág. 51

Espejismos. Una pasión en el desierto.



El extenuado y sediento viajero vio que le hermosa mujer del oasis avanzaba hacia él cargando un ánfora en la que el agua danzaba al ritmo de las caderas.
—¡Por Alá —gritó—, dime que esto no es un espejismo!
—No —respondió la mujer, sonriendo—. El espejismo eres tú.
Y en un parpadeo de la mujer, el hombre desapareció.

José de la Colina
No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII
Pág. 48

José de la Colina
No. 89, Enero-Febrero 1984
Tomo XIV – Año XIV
Pág. 176