Espejismos. Una pasión en el desierto.



El extenuado y sediento viajero vio que le hermosa mujer del oasis avanzaba hacia él cargando un ánfora en la que el agua danzaba al ritmo de las caderas.
—¡Por Alá —gritó—, dime que esto no es un espejismo!
—No —respondió la mujer, sonriendo—. El espejismo eres tú.
Y en un parpadeo de la mujer, el hombre desapareció.

José de la Colina
No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII
Pág. 48

José de la Colina
No. 89, Enero-Febrero 1984
Tomo XIV – Año XIV
Pág. 176

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