El dorso de la mano


Capítulo uno. Aquella mujer se resistía al amor, pero su único problema, Franz lo sabía, era expresarlo. Él debía conseguir esa expresión sin que Ella se diera cuenta, como si fuera un hecho casual.

Una tarde, en el cine. Ella estaba sentada a la derecha de Franz. Él pasó el brazo por sobre el respaldo de su asiento y le rozó muy suavemente la mejilla con el dorso de la mano. Ella, como sin darse cuenta, inclinó la cara hacia esa mano. ¡Le había devuelto la inusitada caricia!

Franz tuvo la sensación de haber obtenido una gran victoria. Se casó con esa mujer.

Capítulo dos. Años después, Tomás encontró, a su vez, una mujer que se resistía al amor. Pero su único problema, Tomás lo sabía, era expresarlo. Y Tomás necesitaba obtener para sí esa expresión.

Una noche, volviendo del teatro. Ella viajaba en la parte delantera del automóvil y él detrás, ambos del lado derecho. Tomás pasó el brazo hacia delante, contra la ventanilla, y le rozó muy suavemente la mejilla con el dorso de la mano. Ella, como sin darse cuenta, inclinó la cara hacia esa mano. ¡Le había devuelto la insinuada caricia!

Tomás tuvo la sensación de haber obtenido una gran victoria. Pero no pudo casarse con esa mujer. Quien conducía el automóvil era precisamente su marido Franz.

César Fernández Moreno
No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII
Pág. 61

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