Distintos usos


Cuando caminaba juguetón a la pata coja la usaba de zapato. En ocasiones también le servía de sombrero, o de bacín.

Todo ello le comunicaba a la pipa un sabor dulzón que al fumar no era completamente desagradable.

A. F. Molina
No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII
Pág. 96

Wanda

Algo había en la forma en que se lavaba los dientes, algo de violencia, de furia controlada. No era usual la manera en que la muchacha, por otra parte, vestida impecablemente, lavaba sus dientes dentro del lujoso baño del hotel. Podría pensarse en un rito, en una costumbre que iba más allá de lo cotidiano, como si quisiera borrar una historia, como si cumpliera con un deber de invocación.

El vestido blanco vaporoso, traslucía los pequeños senos; el rostro cincelado a perfección guardaba la naturalidad. Oseamente armoniosa, representaba pocos años, ¿veinte quizás?. Las manos delgadas se movían con nerviosismo, como en la búsqueda de algo, como si repentinamente temiera ser descubierta.

Ser descubierta como la intrusa que era, dentro de la sordidez diaria que la rodeaba, que la perseguía. Que venia detrás de ella desde aquella otra ciudad, a la que no regresaría más.

Como tampoco habría que volver a la miseria, a la violencia de las manos las miradas, las pequeñas monedas a cambio de unas horas, de unos cuartos de hotel, de otros hoteles. De otra manera de borrar el pasado minuto a minuto, con cada paso, con cada boleto de avión, con cada nueva ciudad. Con otras sábanas siempre inmaculadas y las mismas gastadas palabras de guardar, las mismas eternamente inmutables sonrisas, el trueno moral que se efectuaba a perpetuidad.

Había algo diferente en la forma en que se lavaba los dientes, algo que traspasaba los límites de lo normal, como si Wanda, dentro de algún ritual, intentase borrar la posibilidad la posibilidad la posibilidad la posibilidad la posibilidad…

Isabel Arvide
No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII
Pág. 91

Ternura

(a Gogo)

Soy blanca con alma de algodón, manos pacientes cortaron pequeños trozos de tela para formar mi cuerpo, mi cara, mis manos y mis piernas; y escogieron finas hebras de estambre para mis cabellos. No sé qué modista diseñó mi traje multicolor, es un traje clásico; el traje que toda niña vistió alguna vez.

Los rasgos de mi rostro fueron trazados con delicadez. Me han creado rubia o morena, de diversos tamaños y con gran variedad de vestidos, según el ánimo y posibilidades de mis creadores. Soy conocida universalmente; he sido la compañera fiel de muchas niñas. Manitas chinas, rusas, holandesas o americanas me han acariciado. No hay niña que no me haya tenido en sus brazos o por lo menos me haya deseado. He sido el ansiado regalo de cumpleaños, Navidad o Reyes; millones de ojos me han visto tras los escaparates de las jugueterías. Vivo en el sueño de todas las niñas del mundo.

Muchas veces, las mismas manos que tanto me acariciaron me han arrojado a un bote de basura, o me abandonaron entre los objetos antiguos e inservibles que se guardan en los desvanes; ahí los ratoncitos y demás alimañas han sido mi compañía.

En mí se ha reflejado el tierno sentimiento infantil de amor maternal. Mi cuerpo blando está esta amoldado a la forma cariñosa de las manos infantiles. Conmigo se han quedado, entre mi algodón blanco, los sueños de la infancia.

Morena o rubia, grande o pequeña, de cara triste o sonriente; vestida de seda o manta, soy la misma de siempre… soy la ilusión infantil. Soy “Ternura”, la muñeca de trapo con alma de algodón… y vibro de felicidad cada vez que me estrechan brazos infantiles.

Salvador Herrera García
No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII
Pág. 89

Epílogo


Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de línea traza la imagen de su cara.

Jorge Luis Borges
No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII
Pág. 86

Jorge Luis Borges
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 374