Ver para creer

El estuche era la obra maestra de un gran artista. En el seno pulcro, con un fondo de terciopelo negro, los diamantes bien dispuestos, algunos en figuras bellas, fulgían incitadores. En el centro, una enorme gema medio hundida, de zafiro o turquesa, contemplaba aquel tesoro y maravilla.

Tras los otros dos que en la minúscula vitrina admiraban tal prodigio, Armstrong no pudo dejar de exclamar:

—¡Quién podrá creer que esa es la tierra!

Sergio Ovidio García
No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII
Pág. 110

Peripecia

Lo último que dijo fue: “Tu serás la culpable de lo que acontecerá; sólo puedo decirte que vas a arrepentirte…”

De pronto el cuarto empezó a temblar, la cara de Tony se distorsionó en contorsiones y muecas espantosas. Fuertes convulsiones atormentaban y sacudían su pobre humanidad. Manchas moradas empezaron a oscurecer su frente. Su voz se hizo débil, trepidó, se extinguió…

Me levanté a ajustar el televisor.

Kharis Gloria Avril
No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII
Pág. 107

El bloqueo



Entró en la habitación. Un león estaba echado en uno de los rincones, mirándolo con ojos atentos. Giró, sin poder devolverle la mirada, sin querer correr, y trató de salir. Pero la puerta se había cerrado por fuera, no la podía abrir.

Endureció sus pasos. Caminó por un corredor lateral, sin volverse. Llegó a la otra habitación, la que tenía otra puerta hacia fuera. Una puerta de dos hojas, desvencijada, que dejaba entrar segmentos de luz. Ya estaba por abrirla, cuando la vio, algo inequívoco, penetrando entre las dos hojas: la empenachada cola de otro león. Venía del exterior, serpenteaba, golpeaba impaciente el suelo, levantaba partículas de polvo.

Sólo podía evadirse hacia la vigilia.

Despertó.

La puerta de su jaula se abría en ese momento: entraba un domador provisto de una silla y un látigo. Desesperado, tiró un zarpazo contra la otra puerta: detrás de sus rejas, el dueño del circo le apuntaba con un revolver.

César Fernández Moreno de “La vuelta de Franz Moreno”
No. 72, Abril-Junio 1976
Tomo XI – Año XI
Pág. 675

César Fernández Moreno
No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII
Pág. 106

El número tres


La mañana, el mediodía y la noche. El principio, el medio y el fin. El padre, la madre y el hijo. Cuando es enteramente, lo es tres veces. Santo tres veces, realmente santo. Muerto tres días, realmente muerto. Tres regiones tiene el universo: cielo, tierra y agua. Tres cuerpos tienen los cielos: sol, luna y tierra. Tres veces repítese el rito y cúmplenlo tres personas. Tres años deben tener los animales que se sacrifican. Tres ayunos por año ordena la Ley, y tres oraciones por día. Tres son los hombres justos. Tres rebaños acuden al pozo. La culpa se extiende hasta la tercera generación. Tres generaciones se necesitan para vengar a los padres. Tres años sin cosecha justifican la impaciencia del labrador, y el abandono de las tierras. Tres días es tolerado el huésped. Tres veces se camina alrededor de la pira funeraria. Tres son las furias. Tres son los jueces de la muerte. Cada tres años se celebran las fiestas de Baco. Tres fueron los primeros augures. Tres, las primeras vestales. Tres, los libros de la Sibilas. Tres días toma el descenso al infierno. Tres días permanece el alma cerca del cadáver esperando su resurrección. Tres veces se repiten las palabras que protegen al viajero, inducen al sueño o calman la furia del ar. Tres veces bendijo Yavé la creación. Tres testigos nos ofrece el cielo. Tres hijas tuvo Job. Tres hijos Noé, y de ellos descendemos todos. Tres veces bendijo Balaam a Israel. Tres amigos tuvo Job, y tres Daniel. Tres emisarios del cielo visitaron a Abraham. Tres veces fue tentado Jesús. Tres veces oró en Getsemaní. Tres veces le negó Simón. Fue crucificado a la tercera hora. Había tres cruces en el Gólgota. Tres veces se reveló Jesús a sus discípulos después de la resurrección. Tres veces deseó Saulo. Padre, Hijo y Espíritu Santo. Bestia, Serpiente y Falso Profeta. Fe, esperanza y caridad. Tres lados tiene el triángulo. Uno es la raíz de todo. Dos es la negación de uno. Tres es la síntesis de uno y dos. Los contiene a ambos. Los equilibra. Anuncia la pluralidad que le sigue. Es el número completo. La corona del principio y el medio. La reunión de los tres tiempos. Presente, pasado y futuro. Todo concluye. Todo se reinicia.

Carlos Fuentes en “Terra Nostra”
No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII
Pág. 105