El bloqueo



Entró en la habitación. Un león estaba echado en uno de los rincones, mirándolo con ojos atentos. Giró, sin poder devolverle la mirada, sin querer correr, y trató de salir. Pero la puerta se había cerrado por fuera, no la podía abrir.

Endureció sus pasos. Caminó por un corredor lateral, sin volverse. Llegó a la otra habitación, la que tenía otra puerta hacia fuera. Una puerta de dos hojas, desvencijada, que dejaba entrar segmentos de luz. Ya estaba por abrirla, cuando la vio, algo inequívoco, penetrando entre las dos hojas: la empenachada cola de otro león. Venía del exterior, serpenteaba, golpeaba impaciente el suelo, levantaba partículas de polvo.

Sólo podía evadirse hacia la vigilia.

Despertó.

La puerta de su jaula se abría en ese momento: entraba un domador provisto de una silla y un látigo. Desesperado, tiró un zarpazo contra la otra puerta: detrás de sus rejas, el dueño del circo le apuntaba con un revolver.

César Fernández Moreno de “La vuelta de Franz Moreno”
No. 72, Abril-Junio 1976
Tomo XI – Año XI
Pág. 675

César Fernández Moreno
No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII
Pág. 106

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