Ver para creer

El estuche era la obra maestra de un gran artista. En el seno pulcro, con un fondo de terciopelo negro, los diamantes bien dispuestos, algunos en figuras bellas, fulgían incitadores. En el centro, una enorme gema medio hundida, de zafiro o turquesa, contemplaba aquel tesoro y maravilla.

Tras los otros dos que en la minúscula vitrina admiraban tal prodigio, Armstrong no pudo dejar de exclamar:

—¡Quién podrá creer que esa es la tierra!

Sergio Ovidio García
No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII
Pág. 110

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