Visión

Está en el cerro más alto del lugar. Su mirada domina el pueblo, esa aldea desde la que subió lentamente.

Desde su mirador ve el caserío, los asnos grises, las barbas de los hombres, las faldas de las mujeres, los andrajos de los chiquilines; también las armas de los soldados, los pastizales, y alguna oveja.
Escucha las charlas de los grupos en la plaza, la risa de los borrachos, el ladrido de algún perro hambriento y el quejido de un moribundo.

También percibe las nubes que se cierran.
Ve muchas cosas, muchas más que los otros que subieron con él. Con su gesto y su mirada abarca todo el valle. Pero ya queda poco tiempo, muy poco para recordar.

Es jueves.

Debe irse.

Inclina un poco más la cabeza, tratando de ver hacia abajo, sin lograrlo, lo único que no alcanza en su visión: el clavo que atraviesa sus pies.

Rodolfo Carcavallo
No. 84, Noviembre-Diciembre 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 449

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