Carlos Vitale

Carlos Vitale

(Buenos Aires, Argentina, 1953)

Es Licenciado en Filología hispánica y Filología italiana. Entre otros libros, ha publicado Unidad de lugar (Candaya, 2004), Fuera de casa (Emboscall, 2004) y Descortesía del suicida (Candaya, 2008). Asimismo ha traducido numerosos libros de poetas italianos y catalanes, como Dino Campana (Premio de Traducción Ultimo Novecento), Eugenio Montale (Premio de Traducción Ángel Crespo), Giuseppe Ungaretti, Sergio Corazzini (Premio de Traducción del Ministerio Italiano de Relaciones Exteriores, 2003), Umberto Saba (Premio de Traducción Val di Comino, 2004), Sandro Penna y Joan Brossa, entre otros. Sus textos han sido traducidos al inglés, francés, alemán, italiano, armenio, estonio, griego, rumano, portugués, esperanto, maltés y catalán. Reside en Barcelona desde 1981[1].

Monólogo del cornudo

Si me engañas, ¿quién es la verdadera víctima, yo que ya no siento nada por vos, más que la comodidad de tener en la cama y en la casa una mujer seguro, o vos que cada día tenés que preparar con veracidad y efectismo la coartada que yo voy a creerte?

Carlos Vitale
No. 76, Marzo-Abril 1977
Tomo XII – Año XII
Pág. 264

Muerte por agua


En el pueblo hay una casa desierta y en la casa desierta un pozo y en el pozo un agua que refleja el reflejo del espíritu del mal. Quien llega al pueblo va irremediablemente a la casa desierta, quien llega a la casa desierta se conduce al pozo, quien llega al pozo mira el agua y en su reflejo muere presa de la mirada del espíritu maligno.

Alfonso Quijada-Urías, en “Crisis”
No. 76, Marzo-Abril 1977
Tomo XII – Año XII
Pág. 260

El vuelo del pájaro

Cuando el pájaro voló hubo una exclamación casi unánime. Se dijo que en su vuelo refrendaba las ansias del universo; que llevaba en sus alas los deseos de la vida y, que su ruta era la de la eternidad. También se especuló en el vuelo del pájaro, la búsqueda de la libertad y el logro al fin de la felicidad. Pero el ave —que ya planeaba a gran altura— desconocía por completo las absurdas hipótesis de los hombres, que ignoraban que el vuelo se produce por un rítmico movimiento de las alas, asociado a una simple teoría física enunciada hace ya casi tres siglos.

Armando Murad
No. 76, Marzo-Abril 1977
Tomo XII – Año XII
Pág. 257