Miedo

Desde Roma nos informan que el Moisés está a punto de arrojar las tablas de los Diez Mandamientos, como cuenta la biblia lo hizo en una ocasión.

La información agrega que las arrojará sobre todos quienes hayan transgredidos los Divinos Mandamientos.

El museo que guarda la estatua se apresta a rodearla con un grueso vidrio a prueba de golpes.

En el mundo cristiano cunde el pánico. Mucha gente planea usar corazas y cascos antigolpes. Ello es debido a que no hay nadie que esté limpio de culpa; y todos temen morir lapidados por las esquirlas de mármol lanzadas desde un museo de roma.

Salvador Herrera García
No. 76, Marzo-Abril 1977
Tomo XII – Año XII
Pág. 279

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La deuda

Tenía hambre y se comió la manzana… desde entonces, todos hemos trabajado para pagar esa deuda eterna.

Rudy Valdez
No. 76, Marzo-Abril 1977
Tomo XII – Año XII
Pág. 275

Emilia Ortiz

Emilia Ortiz Pérez

Es una pintora mexicana, diestra en el trazo desde su obra temprana, que nació en 1917 en el seno de una familia acomodada de la ciudad de Tepic, Nayarit. Su padre Abraham D. Ortiz, había arribado a Tepic originario de Oaxaca casó con Elvira Pérez dedicándose al comercio de mercería y ferretería, formando así una familia muy conocida en la sociedad nayarita, que se movía en medio de un inquieto grupo, interesado en afanes culturales.

Y en ese ambiente transcurre la infancia de Emilia y sus hermanos, ya que el matrimonio Ortiz Pérez tuvo seis hijos, uno de ellos varón que falleciera trágicamente ahogado en el mar de San Blas, suceso trágico que afectaría por siempre a la familia. Las cinco muchachas, con gustos afines entre sí, departían sin embargo en alegres convivencias con amigos comunes, bajo la complaciente mirada de sus padres en espectáculos, tertulias literarias, conciertos, puestas de teatro, en fin una atmósfera intelectual.

En ese ambiente Emilia desde pequeña muestra su gran destreza para el dibujo, afición a la música y a la literatura, por lo que en sus vacaciones disfrutadas en Guadalajara recibe clases particulares con el maestro José Vizcarra quien le juzga observadora nata con gran proclividad por los mundos mágicos, sensibilidad que aflorará posteriormente con sus hermosa pinturas de coras y huicholes, así como en su profusa colección de caricaturas realizadas a sus conocidos.

Con tal vocación evidenciada, su padre le brinda facilidades para desarrollar su preferencia y de alguna manera logra colocar en la primera plana de El Nacional Diario Popular de México, 2a seccción el 24 de febrero de 1933 cinco de sus caricaturas, mostrando una sutil ironía.

Alterna no obstante sus estudios y consigue terminar una carrera comercial, y con la intensidad de la juventud, logra ser elegida reina del Carnaval a la vez que incursiona en el teatro experimental.

Poco después, con un abundante bagaje de pinturas de coras y huicholes, de su autoría y de su hermana Estela, con el apoyo de su tío Juan de Dios Bátiz consiguen exponerlas en el Salón Verde del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México, habiendo obtenido elogiosas críticas de la prensa capitalina.

En el ínter, aprovechando su estancia acuden ambas a los cursos del escultor Luis Ortiz Monasterio en la Escuela Nacional de Bellas Artes y seguidamente en la Academia de San Carlos al lado de profesores de la talla de Manuel Rodríguez Lozano quien las relaciona con el grupo de intelectuales más sobresalientes y controvertidos de la capital, al tiempo que influye en ella la técnica del óleo que le convirtió en una excelente pintora por sus obras excepcionales de exquisita expresión de sus sentidos y fiel a las señales de la realidad de su estado que le vio nacer.

En marzo de 2009 le es otorgado al grado de Doctor honoris causa por la Universidad Autónoma de Nayarit a lo que Emilia agradece diciendo “Amigos que hoy me acompañan, me siento verdaderamente agradecida, lágrimas en mis ojos, muchas canas en mi cabeza y poca memoria, pero cómo los quiero, y gracias al rector por todos estos honores y esta alegría que me han concedido, muchas, muchas gracias amigos míos”.

Actualmente vive al lado de su esposo Aurelio Gutiérrez Ibarra con quien procreó a Elvira, Gabriela y Luisa Fernanda y se dedica a dirigir el museo instituido en su nombre[1].

Éxito

Salió provisto de una brocha grande y abrazado a un bote de albayalde para reconstruir el gran paisaje. Empezó por embadurnar los grandes lagos hasta dejarlos yertos, metió las cerdas de puntas por entre las hendiduras y pintó todos los árboles del mundo; se pintó a sí mismo, hasta quedar pegado de boca en el paisaje.

¿Quién compraría este cuadro…? ¡Nadie!, por supuesto.

Cansado de esperar, desalentado, llenó de nuevo su gran bote en la tlapalería de la esquina y con nuevos ímpetus vació sobre la Tierra sus colores.

Esta vez, un gringo, impresionado se lo compró en diez dólares.

Emilia Ortiz
No. 76, Marzo-Abril 1977
Tomo XII – Año XII
Pág. 274