Éxito

Salió provisto de una brocha grande y abrazado a un bote de albayalde para reconstruir el gran paisaje. Empezó por embadurnar los grandes lagos hasta dejarlos yertos, metió las cerdas de puntas por entre las hendiduras y pintó todos los árboles del mundo; se pintó a sí mismo, hasta quedar pegado de boca en el paisaje.

¿Quién compraría este cuadro…? ¡Nadie!, por supuesto.

Cansado de esperar, desalentado, llenó de nuevo su gran bote en la tlapalería de la esquina y con nuevos ímpetus vació sobre la Tierra sus colores.

Esta vez, un gringo, impresionado se lo compró en diez dólares.

Emilia Ortiz
No. 76, Marzo-Abril 1977
Tomo XII – Año XII
Pág. 274

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