El místico

Asceta, el místico, vivía en una especie de celda, ante la imagen de un Cristo tallado en madera. Se extasiaba, olvidando por completo al mundo. Oraba.

—¡Apártame de todos los pecados!

El Cristo lo veía.

—¡Que no escuche la voz mundana de la existencia!

—¡Señor, no quiero ver nada, sólo a Ti!

El Cristo lo escuchaba.

Un día, olvidó cerrar la ventana de la celda, que se abría a la luz.
Sus demandas eran cada vez más fervorosas, síntesis de su miedo.

El Cristo no dejaba de mirarlo.

De pronto, por la ventana abierta, penetraron voces: rumor de las cosas, esencias, lluvia, viento, sol… vida.

—¡Señor, perdón, he dejado la ventana abierta…

Y alzó los ojos para implorarle.

La cruz estaba sola ¡Vacía!

El Cristo había escapado por la ventana.

Moisés Plata Becerril
No. 76, Marzo-Abril 1977
Tomo XII – Año XII
Pág. 294

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