El extremo del círculo

Las imágenes le hacen ser consciente de que mira con unos ojos que no conoce bien, en el momento en que una ligera nube deja de cubrir el sol.

El viento se mezcla con los árboles a cada lado del camino, y atrás y más allá, donde el bosque comienza a descender; por donde se aleja una voz.

Entonces la muchacha surge, con sus cabellos volando y su bello nombre que vuelve de la cañada; el largo vestido blanco resalta extendiéndose por el aire.

Cree reconocerla, al observarla a poca distancia: su graciosa nariz, la sonrisa; alarga el brazo sin comprender bien: quiere que ella lo vea y trata de gritar.

Entiende que no lo puede ver ni oír, cuando va desapareciendo cerca de la pared rojiza del fondo; siente que la ha perdido en otro tiempo irreconocible.

Y se da cuenta de que en realidad mira por la ventana de un tren repentinamente solitario, que avanza en medio del bosque sin ningún ruido y sin moverse.

Jesús Canales García
No. 76, Marzo-Abril 1977
Tomo XII – Año XII
Pág. 322

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