Mulata


He conocido una mulata que esta satisfecha de serlo. Esto no es debido a que considere que la calidad y turgencia del pecho (que le ha dado su estirpe negra) combinada con la suavidad del perfil de la boca y las narices (que le ha permitido conservar su sangre blanca) produzcan una mezcla incomparable, sino más sencillamente a que —por razón espiritual— le agrada no poder ser estrictamente definida y no poder ser, pues, clasificada en ningún género conocido de lo humano.

Luis Martín Santos
No. 87, 1981
Tomo XIII – Año XVII
Pág. 725

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El milagro


Aquella familia, muy religiosa, comía el pollo de todos los domingos cuando de pronto, por glotonería, la hija más pequeña se tragó un hueso, se asfixió y murió en pocos segundos.

—Dios nos la dio —dijo el padre sin dejar el tenedor—, Dios nos la quita. Loado sea su nombre.

Entonces Dios, nada ingrato, decidió hacer un pequeño milagro y en un abrir y cerrar de ojos resucitó, en carne y hueso, rebosante de salud, al pollo.

Jaques Sternberg
No. 87, 1981
Tomo XIII – Año XVII
Pág. 724

Mariana Frenk-Westheim

Marianne Helen Freund Frenk-Westheim

 (Hamburgo, Alemania, 4 de junio de 1898 – Ciudad de México, 24 de junio de 2004)

Fue una escritora, hispanista, curadora de museos y traductora alemana, nacionalizada mexicana.

De origen judío sefaradí, Frenk-Westheim vivió en Alemania junto a sus dos hijos Margit, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y Silvestre Frenk, así como su esposo el doctor Ernst Frenk hasta 1930, cuando emigraron a México debido al ascenso nazi. Se nacionalizó mexicana en 1936 y sus primeros trabajos fueron como traductora en el Fondo de Cultura Económica. Su esposo murió en 1957, por lo que contrajo nupcias de nueva cuenta con el historiador del arte Paul Westheim.

Entre sus principales logros se encontró la traducción de Pedro Páramo, El llano en llamas y El gallo de oro de Juan Rulfo al alemán y al español las de Paul Westheim. Fue profesora en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de la Universidad Autónoma Metropolitana y de la Universidad Iberoamericana.

Fue abuela del exsecretario de Salud de México, Julio Frenk Mora[1].

Quiero dormir


Sonó el despertador. Me desperté. Me desperté con ese mismo dolor no soportable. Quiero seguir durmiendo. Párate ya. Quiero dormir. Ya párate. Pero el despertador siguió sonando. Entonces se paró mi corazón. Se paró mi dolor. Se paró el despertador. Se paró mi dolor. Se paró el despertador. Pero yo ya no pude dormir.

Los muertos nunca dormimos.

Mariana Frenk-Westheim
No. 87, 1981
Tomo XIII – Año XVII
Pág. 721