Encuentro

Le redijo su ropa a jirones. Ella se encontraba paralizada por el miedo así que, la arrojó exánime sobre blanco lecho.

Al mirar aquel cuerpo, en sus pupilas se retrató el asombro: Nunca había visto una criatura con tan poco pelo.

Ella, temblando aún por el frío y el miedo, siguió, con asustados ojos, el rastro que el abominable pie dejó sobre la nieve.

Eduardo Mendoza
No. 87, 1981
Tomo XIII – Año XVII
Pág. 749

La pedicurista

La pedicurista, desconsolada, se llevó una mano a la frente ante la indeseada visita:

Satanás insistía en arreglarse las uñas.

Luis R. Montaño
No. 87, 1981
Tomo XIII – Año XVII
Pág. 744

Primera variación sobre la máquina

Supongamos que la máquina perfecta fue creada indestructible, eterna. Con capacidad para alimentarse de cualesquier manifestación de la energía. Supongamos que por siglos ha soportado todos los cataclismos que sucedieron antes y después de la desaparición de la humanidad. Supongamos que el planeta tierra ya no existe, ni el sistema solar y que la máquina viaja porquinsabeque regiones del espacio.

Supongamos que por algún extraño hilo conductor decide trabajar nuevamente y el silencio sideral se ve interrumpido por extraños ruidos de teclas y engranajes; luego, la nada… hasta que una voz metálica comienza a atronar en el espacio:

—¡Hágase la luz! Y separemos la luz de las tinieblas y llamaremos a la luz, día y a las tinieblas, noche.

Eduardo Mendoza
No. 87, 1981
Tomo XIII – Año XVII
Pág. 735

La letra

Escribo enanos. Cada letra es un enano que salta y agrede mi personalidad y va creciendo como… ¿cómo? No se. Pero algo pasa que no entiendo y el enano se vuelve enigmático, y sus ojos se tornan de infantiles en fanales de prodigioso niño malévolo, niño maligno, como engendro siniestro, y crece sin crecer, creciendo como si nadie pudiera detenerlo, y de alguna parte rara, rarísima que nadie se explica, toma una pluma y comienza a escribir sin hacer letras, sino líneas de dibujo; hace unos trazos que parecen letras pero no son, sino que, angustiosamente veo que de las líneas, se va formando una figura que se parece a mí, que soy yo… que…

Raymundo Rubio Vega
No. 87, 1981
Tomo XIII – Año XVII
Pág. 733