Retorno

Tras arduas buscas, un aviador lo percibió a la mitad del desierto. En el viaje de retorno fue hundiéndose en el silencio, con la mirada perdida bajo los párpados inmóviles aún blanqueados de arena. Se mantuvo indiferente a los gritos de alegría, los abrazos y las caricias de los suyos, a las preguntas de los periodistas, a los lampos de los fotógrafos. Tardó algún tiempo en adaptarse a la —como suele decirse— vida común y corriente, y a la ciudad, y a los trabajos y los días, y al acto conyugal y al futbol por televisión. A veces, solo, en la alta noche, se enfrentaba al espejo de la salita hogareña, no para mirarse, sino para contemplar el solitario horizonte de arena y cielo y luz que veía extendido a sus espaldas, y se preguntaba si su exilio duraría toda la vida.

José de la Colina en Espejismos
No. 75, Enero-Febrero 1977
Tomo XII – Año XII
Pág. 138

José de la Colina
No. 89, Enero-Febrero 1984
Tomo XIV – Año XIV
Pág. 145

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