Peregrino

Yo caminé día tras día por la Calzada de los Cuervos.
Desde el mismo fondo de la noche me asaltaban las dudas y me abrazaban las palabras, pero no me detuve ni un instante. Seguí hollando el camino con mi pie descalzo, aunque sabía que más allá de su final me esperaban ansiosas otras noches de angustias.

Crucé vados y selvas; escribí sobre mis manos, con tinta de lágrimas y sangre, mil nombres que estuvieron alguna vez junto a mis horas, pero se me borraban con el llanto. Yo quise saber más, mucho más… Siempre más de la nostalgia. Por eso anduve toda la noche y caminé sin cesar hasta el absurdo, pero esas horas tediosas y rendidas navajaban mi rostro; ¡esas malditas horas que yo he querido siempre penetrar y vencer!

…No logro detenerme. No puedo detenerme. La cadena es interminablemente larga y difícil. Alguien ha dicho con acierto (no sé si filósofo o sibila), que su eslabón postrero está muy lejos, quizás un tanto más allá del infinito. Pero yo no hago caso. Persevero en mi empeño inútil de vencer a las horas. De seguir buscando en este gran peregrinar, cada minuto, por toda la interminable noche de este sueño.

Eugenio Zamora Martín
No. 75, Enero-Febrero 1977
Tomo XII – Año XII
Pág. 183

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