Los cuartos infinitos


Cuando estaba solo, José Buendía se consolaba con el sueño de los cuartos infinitos. Soñaba que se levantaba de la cama, abría la puerta y pasaba a otro cuarto igual, con la misma cama de cabecera de hierro forjado, el mismo sillón de mimbre y el mismo cuadrito de la Virgen de los Remedios en la pared del fondo. De ese cuarto pasaba a otro exactamente igual, cuya puerta abría para pasar a otro exactamente igual, y luego a otro exactamente igual, hasta el infinito. Le gustaba irse de cuarto en cuarto, como en una galería de espejos paralelos, hasta que Prudencio Aguilar le tocaba el hombro. Entonces regresaba de cuarto en cuarto, despertando hacia atrás, recorriendo el camino inverso, y encontraba a Prudencio Aguilar en el cuarto de la realidad. Pero una noche, dos semanas después de que lo llevaron a la cama, Prudencio Aguilar le tocó el hombro en un cuarto intermedio, y él se quedó allí para siempre, creyendo que era el cuarto real.

Gabriel García Márquez
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 319

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Brujería del gato


Por complicidad con la bruja había sido enjaulado el gato.

Los inquisidores sospechaban que podía haber diablo escondido bajo la piel del gato y fue sentenciado a arder en pira aparte, porque podía haber pecado de bestialidad al quemar en la misma hoguera persona humana y animal.

Bien maniatado con cadenas, el gato brujesco produjo un repeluzno de escalofrío entre los asistentes al auto de fe. Había algo de caza luciferiana en la presencia del gato.

La leña de la propiciación comenzó a arder y durante un largo rato se oyeron maullidos infernales, hasta que al final, ya consumida la fogata, se vieron sobre las cenizas dos ascuas que no se apagaban, los dos ojos fosforescentes del gato.

Ramón Gómez de la Serna
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 313

Massimo Bontempelli

Massimo Bontempelli

(12 de mayo de 1878, Como – 21 de julio de 1960, Roma)

Escritor italiano que, junto a sus amigos Alberto Savinio y Giorgio De Chirico, introdujo el Surrealismo en Italia, aunque según su concepción teórica lo llamó «realismo mágico».

Se licenció en letras y filosofía en la Universidad de Turín en 1903. Trabajó como periodista en Il marzocco, La Nazione y Nuova Antologia) y como profesor. Formó parte del Círculo Carducciano. Colaboró entre otras en la revista La Voce bajo el pseudónimo de Minimo Maltempelli y publicó sus primeras obras (Socrate moderno, 1908 e I sette savi, 1912) que pronto repudió. Tras la primera guerra mundial, en la que participó como oficial de artillería y corresponsal de Il Messaggero, se adhirió al Futurismo, bajo cuya estética publicó Il purosangue. L’ubriaco (1919), poesías, y las novelas La vita intensa (1920) y La vita operosa (1921).

Estuvo en París como periodista entre 1921 y 1922 y entró en contacto con las Vanguardias artísticas del lugar. En sus novelas cortas La scacchiera davanti allo specchio (1922) y Eva ultima (1923) asoma la inspiración irracional y onírica, coincidente con el Primer manifiesto del Surrealismo de André Breton (1924).

Estrecha amistad con Luigi Pirandello, quien, con ocasión de su colaboración para el teatro de Arte, lo inclina a escribir teatro para su compañía. Así nacieron Nostra Dea (1925) y Minnie la candida (1927).

Con Curzio Malaparte funda (1926) la revista internacional “900”, Cahiers d’Italie et d’Europe]] que concluyó en 1927 y se publicaba en francés revolviendo a todos los intelectuales cosmopolitas del llamado Novecentismo. En ella expone su poética innovadora del «realismo mágico» que, según el modelo francés, invita al artista moderno a descubrir el encanto del inconsciente y de las aventuras impredecibles, pero sin renunciar al control de la razón humana. Como “mitógrafo” el artista debe revelar “el sentido mágico descubierto en la vida cotidiana de los hombres y de las cosas” simplificando la realidad problemática inmersa en la sociedad de masas y traduciéndola en fábulas y mitos nuevos. Esta poética fue publicada por él en 1938 bajo el título L’avventura novecentista.

Si sus primeras novelas y narraciones de sello mágico tienen una cierta originalidad rica en ideas, por ejemplo en su colección La donna dei miei sogni e altre avventure moderne (1925), la posterior narrativa de Bontempelli se consume en un constructivismo muy abstracto, artificioso e intelectual. Muestran este manierismo estilístico sus novelas Il figlio di due madri (1929) y Vita e morte di Adria e dei suoi figli (1930), y también las posteriores Gente nel tempo (1937) y Giro del sole (1941).

Se convierte al Fascismo, en el que ve el único medio de establecer una sociedad moderna en Italia, y Bontempelli es nombrado académico en 1930. Pero su aversión al provincianismo lo lleva sin embargo a encontrarse en posiciones antitéticas al régimen hasta que es expulsado del PNF en 1939. Confinado en Venecia madura durante los años de guerra una revisión de sus ideas políticas. En 1948 es elegido senador en las listas del Fronte Popolare; pero su nombramiento es invalidado por su pasado fascista. En 1953 obtiene el Premio Strega con su último libro, L’amante fedele. Una grave enfermedad le impide proseguir su obra en los últimos años de su vida, reduciéndolo a un penoso aislamiento y murió en Roma, el 21 de julio de 1960[1].

 

Los silenciosos


—Éranse una vez, en un café, dos amantes, que ya no tenían nada que decirse. Su aspecto, de aflicción más que de otra cosa. Esta aflicción era en el hombre enteramente externa; en la mujer enteramente interna. En la mujer tienen que hacerse internas todas las exterioridades. La aflicción de aquella mujer produjo en ella un resentimiento complejo que estalló en estas palabras:

“Ya podías decirme algo; siquiera por la gente”. —En vano buscó el hombre, desesperadamente, un argumento. La mujer no podía o no quería sugerírselo.

Pero como ambos, aunque amantes, eran dos personas de espíritu, llegaron prontamente a un acuerdo: se pusieron a contar en voz baja. El hombre comenzó, acercándose a ella, con expresión misteriosa: —Uno, dos, tres… —La mujer replicó adusta: —Cuatro, cinco, seis, siete. —el hombre al oír aquellas palabras, se dulcificó y murmuró con patetismo: —Ocho, nueve, diez. —No se convenció la mujer, por lo visto, y le fulminó una descarga: —Once, doce, trece… Y así continuaron hasta que se hizo de noche…”

Massimo Bontempelli
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 311