Comprensión


En el momento de abandonarle, ella comprendía que era un buen hombre —el mejor de los hombres— que la había hecho feliz y que seguiría haciéndola feliz toda su vida. Ella comprendía que, al irse, lo mataba y que ella misma sería desgraciada. Comprendía que le seguía queriendo como el primer día, que quizá le amaba más que entonces. Comprendía, por otra parte, que el seductor era un hombre despreciable, que no la quería ni la querría nunca, que la abandonaría en breve dejando su vida rota. También comprendía que ella misma —la seducida— no amaba al seductor y ni siquiera se sentía verdaderamente atraída por él. ¿Por qué se iba entonces?

Porque —a pesar de todo— había decidido hacerlo.

N. D.: El apólogo anterior puede parecer al lector una curiosa anomalía o divertida excepción. Lo esencial es —por tanto— que comprenda que el autor no le cree tal excepción, sino que —muy al contrario— lo propone como regla general.

Luis Martín Santos
No. 88, Septiembre- Noviembre 1983
Tomo XIV – Año XIX
Pág. 81

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