De la igualdad de clases


El demagogo Hsü-Hia, atraía verdaderas multitudes. Con palabra poderosa e incisiva no cesaba de machacar acerca de la igualdad natural de todos los seres humanos y contra la existencia de los privilegios. Y como era muy inteligente no apelaba a adornos literarios o a las formas tradicionales, sino que iba derecho al grano. “Acaso —tronaba— ¿es justo que el emperador F´ang y su corte de funcionarios parásitos, los mandarines que explotan la ignorancia del pueblo y los generales sus temores, vivan todos como los dioses, comiendo nidos de codornices, pasando entre sus jardines suntuosos, haciendo el amor con hermosas y experimentadas cortesanas o cabalgando a campo traviesa para cazar el tigre o el halcón, mientras vosotros, campesinos, pescadores y zapateros morís de hambre en un trabajo embrutecedor y sin pausa?” Pero F´ang, sin preocuparse demasiado lo dejaba hacer, porque Hsü-Hia vivía en un palacio lleno de muebles de ébano y madreperla, su mesa era la mejor provista del imperio, se destacaba como un formidable soldado y cazador, y además tenía éxito sin parangón con las mujeres más seductoras del país.

Rodolfo Modern
No. 88, Septiembre- Noviembre 1983
Tomo XIV – Año XIX
Pág. 107

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