Tercer grado

La luz daba de lleno en sus ojos, el sonido sibilante, ominoso, se clavaba profundamente en su cerebro, el sabor salobre de la sangre y el lacerante dolor casi lo desmayan. —Mentalmente se repetía: No debo hablar… no lo haré, …no debo hablar… no. —El sudor bañaba su cara… sus manos se crispaban y…
—¡Basta!… ¡basta!… ¡ayyy!…
—Le pedí que no hablara —dijo el dentista dejando el taladro— seguiremos después…
Bajo la mirada severa, salió avergonzado y tembloroso del consultorio.

Francisco Moncayo Ruiz
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 650

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Dos vidas y un verano

En ese momento, las gotas de la lluvia se estrellaban contra la lámina del automóvil. Golpeo de lejanía, escuchado suave y monótono. Sonido vago, como el juego de palabras que había estallado en el interior del auto, hacia unos momentos:

—¿Entonces, no quieres que nazca el niño?

Pregunta femenina escupida con lágrimas e incertidumbre.

Ahora, silencio de palabras lluviosas y de cristales bañados de verano. Y yo: parte de cigarro convertido en huno; y ella: ansiosa espera de una respuesta negra o rosa. Final de pretérito amor entre los dos: sexo, esfuerzo, orgasmo y, ahora, la apatía.

—No.

Y ese No, firme, seco, cayendo como gota en el cristal del auto: quitando la mancha del viril sentido.

Recuerdos, sonrisas y sollozos, olvidados.

Un No de decisión inquebrantable de vivir.

Ernesto Cervantes Martínez
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 648

Metaforología

El tornillo no quería dar su cuerpo a torcer.

El piano desafinado no sabía dónde meter la cola.

El tubo de la pasta sufre angustia cuando van a exprimirle las entrañas.

El aldabón de la puerta cuelga ansioso esperando e apretón de una mano femenina.

La sociedad está tan bien organizada que le niega trabajo al pájaro carpintero.

Estaba en el grupo: para poder verse salió del marco.

Felipe Montilla Duarte
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 644

El premio

“Ahora llegará la vecina del 3…” —En poco tiempo oyó el taconeo alegre; esperó que el anciano del 2 abriera su puerta para saludarlo, pero, no lo hizo; debía seguir delicado. Silencio… el reloj dejaba oír su golpeteo. Casi era hora que llegara el vecino del 5…; la espera se llenó de ruidos comunes; muebles arrastrados, murmullos de charlas, utensilios chocando… Oyó, al fin, frenar un carro, allí llegaba…, pero, lo acompañaba alguien… unas pisadas desconocidas…; elucubraba sobre una visita al vecino, cuando tocaron a su puerta, levantándose fue a abrir…

—Estimado señor, no dudo que usted esté viendo el canal 6 en su televisor… por ello la Compañía Plus le otorga un premio extraordinario… un viaje… señor… señor… se…

Las palabras se perdieron en un murmullo; anonadado, cerró lentamente la puerta; su desazón era tanta que chocó contra una silla… se sentó, cerró los párpados sobre sus pupilas ciegas y quedó escuchando… escuchando…

Francisco Moncayo Ruiz
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 644

Nevermore

Corrían haciendo zigzags a través de un campo de trigo, felices y contentos, jugando y cantando, escondiéndose de las nubes, riéndose con el sol.
Y de pronto cayeron en un agujero circular y profundo, como oficina de gobierno. Decidieron aprovechar la ocasión y pagar sus impuestos prediales, renovar su pasaporte, resellar su licencia de manejar, cobrar el cheque mensual de una pensión y tramitar un permiso migratorio.
Hasta la fecha siguen circulando, a la velocidad reglamentaria, por el carril central del periférico y no pueden salir.

Ana F. Aguilar
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 642

Un sueño dentro del sueño

Esta es una historia que nunca sucedió, pero que está existiendo en mí y en ti; es como quisiéramos que fuese la leyenda de nuestro fuego y de nuestro universo, sellado e inmóvil. Hermético es el mundo de las ideas, pero con la llave de la existencia llevamos ese hermetismo hacia una realidad, la realidad de nuestros sueños. Los sueños que arañan ojos en las noches invisibles, en los lechos fríos de sábanas vegetales, y con esos sueños tenemos junto a nuestro rostro una evidente mentira…
“Me encontraba problemática y sincera, pero a la vez, miraba con sombro el episodio extraño que acontecía cada vez, cuando me miraba en un espejo: Una mano —la izquierda— se negaba a obedecer a la mano derecha, y mis pies helados se sentían muy pequeños dentro de los zapatos. A la tarde, la sucedió una noche terriblemente negra; el rostro, excitado, con alucinaciones de domingos morados y de lunes blancos. La humilde renunciación de la mano derecha, humilló a la mano izquierda, quien quiso al fin obedecer a ese estrechamiento. Los pies siguieron caminando sobre una línea recta y blanca. ¡Eran libres! —separados del cuerpo— ya sin la influencia vertical. Llegaron a un lugar hermoso y no se percataron de la mirada infinita que se posó sobre ellos, y al mirarlos, oblicuamente cayó sobre ellos una luz inexplicable, ¡bellísima! Girando sobre las grietas del suelo, danzaron y siguieron girando. Sobre la mano, mano de soledades y nunca satisfechas, insaciable y fría, quedó escrita una respuesta”… (Oyes los secos aleteos de un gorrión desesperado, y miras las impenetrables aguas de lodo y cieno)…

Irma Isabel Fernández Arias
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 639

El trasplante

El delirio del último instante que nos hace vivir en un segundo toda nuestra existencia pasada, hizo, desde que sufrió el encandilamiento de aquellos dos faros de la muerte que bajo la lluvia parecían reír, que recordara desde su infancia hasta el feliz día en que recibiera su título de médico y su especialización en cardiología. Recordó también su combate sostenido contra todo lo establecido, las mil voces que en su contra se alzaron cuando argumentó que una persona deja de vivir, cuando deja de presentar las funciones primordiales en órganos, como el cerebro, y que obrando a tiempo se podría salvar otra vida, con el corazón de quien ha dejado de existir.

Oyó, revolcado en lodo y en su propia sangre, el ulular de las sirenas; alcanzó a percibir en sus espaldas el frío metálico y pensó, con esperanza, en una mesa de operaciones.

Escuchó el tintineo de mil instrumentos quirúrgicos. Sabía a ciencia cierta que se le iba a operar en la cabeza, pues la sentía en mil pedazos. Por eso, el terror, como fuego líquido, recorrió sus venas ante la imposibilidad de mover alguna parte de su cuerpo, que manifestara vida, que detuviera aquella incisión que sufría en el pecho; y sintió con pavor, las manos que desgarraban sus tejidos, escarbando y buscando aquel órgano que ya no latía.

Gabriel Samperio Mellado
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 637

¡Ahora sí!

No creí nunca en supermanes y batmans, pero, ¡ahora sí! Hace una semana iba caminando y empecé a sentir removerse el estómago y todo el vientre, luego los fuertes latidos del corazón (¡¡Pumm!!, …, ¡¡Pumm!!, …), el dulce crecimiento de los pulmones (hhamm, fff, hhhamm, ffff, hhamm), el ruidito raudo de la sangre )rrom-rrom-rrumm-rrom), y todo aquello que se remueve y se queda quieto y se remueve y sigue acá dentro. Le metí una bofetada a una doña que venía, salí saltando por las capotas de los carros que pasaban, subí a los techos. Llegué por fin a mi cuarto y me encerré; he estado una semana aquí acostado escogiendo mi nombre de batalla, porque ¡ahora si que creo en supermanes y batmans!

Pedro A. Rovetto V.
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 635

El tesoro

—Te digo que el tesoro ahí está. Yo y mi compa Julián estuvimos escarbando varios días, y ya llevamos como cinco metros de hondo, cuando doy un barretazo y sonó fofo… flojito… el fierro casi se me fue de las manos.

—¿Y por qué no lo sacaron?

—Subí todo tembloroso de la emoción y le dije a mi compa: “¡Ya le llegamos! Baja tú a seguirle”. El me dijo: “por qué no bajas tú que ya sabes dónde está”.

—…iba a hacerlo, cuando le vide los ojitos… y ya no bajé. Le volví a insistir que bajara, y él tampoco quiso bajar.

—…así que lo dejamos pendiente.

—¿Cómo sabes que tu compa Julián no volvió a sacarlo él solo?

—Pos… pos… de que él no regresó, estoy seguro.

Morelos Herrejón
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 635

Crimen perfecto

Ya me cansó la maestra. —Voy a tener que matarla, no me va a quedar más remedio. —Ni modo, ella lo quiso. —Hablaba, hablaba, hablaba, siempre hablaba, hablaba… su voz me retumba en los oídos como un martilleo. —Horrible, era horrible. —Ella hablaba, hablaba… ¡Cállese! ¡Cállese! ¡No se calla! ¡Por favor!— Ella hablaba, hablaba, hablaba…
Ahora ya no habla, está en silencio, sólo sus ojos fijos aún miran; miran hacia el infinito, miran hacia la nada, parece que ignoran o saben; pero no, ella ya no puede hablar; pero… he sabido que las personas en estado de coma son capaces de escuchar, ¿escuchara ella? ¿Cómo saberlo?—De cualquier modo, aún en el caso de que oiga… je je je, ella no puede hablar, no puede hablar…
Por fin ha llegado la paz a mis oídos, por fin no escucho su voz, el martilleo ha cesado, todo está en calma, ella ya no puede hablar; y si lo hace, nadie la escuchará. Está sola… está encerrada bajo tierra, está cumpliendo su castigo, su horrible castigo por hablar y hablar y hablar, ahora está sola… y yo la he ayudado a que esté ahí, en esa horrible y oscura caja; pero mi alma está en paz, en calma, tranquila, ahora ya no escucho su voz, ya no escucho su voz, ya no escucho su voz…

Morelia Rodríguez Rosales
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 634

El encuentro

En cuanto lo vio supo que lo conocía de otra parte, así que, después de pensarlo por un momento le preguntó.

—¿No recuerda dónde nos conocimos?

—Sí, en uno de sus sueños.

Una vez satisfecha la curiosidad, cada quién continuó su camino.

Javier Quiroga G.
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 634

El deseo de Narciso

Como hoy, también ese día llegué a mi cuarto, les juro que era el mismo que de costumbre, solo que aquella noche yo venía más cansado que otras veces. Sin encender, me desvestí mecánicamente empezando a buscar el lugar de mi cama. Yo lo que deseaba era descansar, descansar de tanta ansiedad que no me fue correspondida.

Ya cuando me pensaba acostar, me encontré con que un cuerpo intruso estaba dormido en mi cama; de pronto, sentí ganas de gritarle, de arrojarlo furioso, pero me asaltó la curiosidad y me acerqué para ver de que se trataba, lentamente, hasta lograr meter su rostro en mis ojos. No me causó temor, quizás un poco de extrañeza; porque resulta que la persona que estaba dormida, era yo mismo. Me detuve a contemplarme un largo tiempo, me alegró verme así descansando, con aquella expresión de ternura.

Fue cuando supe que no tendría otra oportunidad, allí estaba mi respuesta, iba a saber por fin cuáles eran los deleites que yo podría ofrecer al hacer el amor; me incliné ansioso, delicado, a despertarme con un beso en la boca más tentadora que he visto.

Luis René Aubrey
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 633

Los duendes

La numerosa familia Valiente decidió desocupar la alquilada casona colonial, porque no podían dormir con tranquilidad por las travesuras de los duendes que, en las habitaciones, causaban estruendo y trastornos. En el momento de cerrar el vetusto portón de salida a la calle, la señora Valiente preguntó a los de la agencia de mudanzas:

—¿No dejan algo?

—Nada —le dijo al oído el invisible duende mayor que estaba a su lado— nos vamos también con ustedes.

Z. Moreno
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 633

Esperanza


Y la mujer que, en la cama conyugal o en otra parte, se muestra hostil a su marido, o le irrita con palabras agrias o provoca su mal humor, ¡oh! a esa el Retribuidor, en el día del Juicio, le estirará la lengua sesenta codos, hasta dejarla convertida en una sucia correhuela carnosa, que se enrollará al cuello de la culpable, hecha carne horrible y lívida.

Las mil y una noches
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 629

Fernando Ortiz Lachica

Fernando Ortíz Lachica

Estudió Licenciatura y Maestría en Psicología en la Universidad Iberoamericana. Es profesor de la Licenciatura en Psicología Social de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa en donde actualmente coordina el Programa de apoyo Psicológico. A partir de 1977 se empezó a formar en diferentes métodos de Psicoterapia Corporal como el Psicodrama, con Diana Villaseñor, la Bioenergética, con Héctor Kuri y Core Energética con John Pierrakos. En los últimos años se ha formado en Psicoterapia Funcional, creada en Italia por Luciano Rispoli y en el Método Hakomi, de Ron Kurtz. Desde 1986 ha formado Psicoterapeutas impartiendo cursos en diferentes ciudades de México y el extranjero y dirigiendo programas de especialización. A partir de 1989, ha aplicado los principios de la psicoterapia corporal a la consultoría en manejo de estrés. Es autor de dos libros La relación cuerpo-mente. Pasado presente y futuro de la terapia psicocorporal. (Ed. Pax, México, 1999/2005) y Vivir con/sin estrés y de más de 80 artículos especializados y de divulgación Es miembro del Comité Científico Internacional de Psicoterapia Corporal[1].

El escape

Le aburrieron las conversaciones frívolas y se cansó de presenciar el eterno actuar de la gente. Lo abrumó el ruido de la civilización y lo sofocó el smog. Huyó de la hipocresía, de la falsedad y del materialismo.

Llegó al bosque y se desnudó. Caminó envuelto en aroma de pino y, por primera vez, escuchó el canto de las aves. Nadó en el río y sintió que era libre como la carpa que se deslizaba cerca de él. Salió y dejó que el sol secara su cuerpo. Desde una roca contempló la puesta del sol y, cuando todo fue cubierto por la cortina negra, y, cuando sólo el grillo se escuchó en el silencio, se acostó sobre la hierba a contar las estrellas. Comprendió entonces la inmensidad del cielo y la pequeñez del hombre. En ese momento empezó a vivir.

Fernando Ortiz Lachica
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 628

Lila Yolanda Andrade

Lila Yolanda Andrade

Periódico La Jornada
Martes 29 de noviembre de 2011, p. 5

Seguiremos hablando de la violencia contra la mujer no sólo en esta centuria, sino en el siglo XL mientras no cambie la biología, porque mientras las mujeres no seamos más fuertes que los hombres esto seguirá pasando, advierte la escritora Lila Yolanda Andrade, autora de La infamia contra la mujer a través de los siglos, obra que mañana será presentada en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara.

Coeditado por el sello Laberinto y la Sociedad General de Escritores de México (Sogem), la autora de este título tiene varios años de recopilar información, de archivarla, el volumen tuvo su origen en dos detonadores: el primero, y principal, una fotografía en un periódico donde un hombre tenía una pistola en la sien de una mujer, mientras miles de personas miraban el ajusticiamiento, ocurrido en algún país donde el islam es la principal religión. Miles de personas, y ninguna estaba ahí para protestar, dice la entrevistada.

El otro detonador fueron las miles de cartas que Lila leía para dar forma a los libretos del programa Mujer, casos de la vida real. Hubo ocasiones en las que no dormí por estar pensando la forma de tratar temas como el de la violación por parte de un padre.

La biología siempre ha estado en contra de las mujeres, añade durante la charla en su casa. Este es un tema interminable. Hace unos momentos leía cifras aterradoras de lo que ocurre, de esta violencia contra las mujeres. Desde Eva las mujeres han sufrido vejaciones terribles. Algunas de ellas tan graves… ni siquiera quitarle la vida es menos grave en mi opinión que mutilar, que atormentar toda la vida. Creo que no vale la pena vivirla así.

Desde que recortó la fotografía, agregó, “dije ‘voy a escribir un libro’. Pero un libro no se escribe en tres días. Primero reuní información y me puse a estudiar en libros, no de antropología, sino normales, pero me encontraba algo y rápidamente lo archivaba. Fue un trabajo muy grande, muy prolongado, porque quería encontrar no el común denominador, porque éste era la brutalidad contra la mujer, todo se refería a eso, sino cómo articularlo.

Tratar de hacer esto no sólo comprensible, porque se comprende al leer las dos primeras páginas, sino hacerlo desde luego con la mayor legitimidad posible; sin ningún deseo preconcebido de maltratar a los hombres. No es que pudiera pensarse tampoco que los quiera defender de alguna manera, quiero exhibirlos, y no otra cosa, acusarlos. Eso está a la vista todos los días: la mujer que se queja porque la ha maltratado el marido, que no cumple casi nunca una condena ni siquiera de cárcel, entonces cuando él llega a la casa, le ponen otra paliza mayor que la que la llevó a quejarse.

Desgracia biológica

Trabajar en Mujer, casos de la vida real, que realizó durante 11 años, me convenció mucho más de que tenía que hacer el libro. Guardé, hasta que me cambié a esta casa, cinco cajas de archivo muerto, que no cabían en ninguna parte y las tiré. Eran unas 10 mil cartas de mujeres, pero yo ya no tenía el programa. Fueron las cartas que no llegué a elaborar como libreto porque se repetían. Elegía los casos que no eran tan frecuentes y en los que se podía ayudar además a las mujeres. Pero hubo un tema que no logró escribir, y que la atormentaba, la violación de mujeres por sus padres. Había cosas que me conmovían y me alteraban.

Es increíble, reconoce, que en pleno siglo XXI hablemos de la violencia y el abuso contra las mujeres. Si llegamos a reencarnar y todo esto es cierto, creo que en el siglo XL seguiremos hablando de ello. Creo, como lo cree también Simone de Beauvoir, que es una desgracia biológica ser mujer. Porque la fuerza bruta siempre se ha impuesto, y seguramente se seguirá imponiendo. Es una política del fuerte, porque es el que gana. No es fácil revertir esta situación, por eso muchas mujeres prefieren el celibato o una amorosa amistad con un hombre, en la que no tengan obligación de obedecer.

Incluso hablar de matriarcado creo que es un mito, añade Lila Yolanda Andrade, quien estudió en la Facultad de Filosofía y Letras.

Creo que el matriarcado es un mito histórico, porque las mujeres nunca han sido más poderosas físicamente que los hombres. La matriarca tenía que ser no solamente una gran figura espiritual, sino física.

La infamia contra las mujeres “es un problema pasado, presente y futuro, permanente. Mientras exista la humanidad así, no hay remedio, pero hay que tratar de llegar a un acuerdo, porque cómo no se va a llegar a un acuerdo de buen trato de los dos. No es algo que pueda sonar al paraíso. Ya sabemos que los paraísos no existen, pero sí una mejor vida, más armónica, más satisfactoria para todos”.

La infamia contra la mujer a través de los siglos se presenta a las 17 horas, en el salón D del área internacional de la FIL[1].

NOTA: Mujer, casos de la vida real. Es un famoso programa televisivo mexicano

 

“Neo-génesis”

“Y Dios creó al hombre a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó”.
(Génesis. Cap 1, Vers.27)

Las varonas reinaban sobre la tierra. Habían decidido exterminar al hombre porque de su mayoría provenía la maldad y la guerra. Durante largo tiempo estuvieron dedicadas a conservar la semilla de los buenos y de los hermosos en millones de frascos relucientes con etiquetas precisas: matemáticos, pintores, escultores, escritores, poetas, amantes; y así hasta el infinito. El gran momento estaba por llegar. La inmensa colmena de mujeres se movía sin cesar cuando ocurrió lo inesperado. La ira de Dios movió al cielo y la tierra y todo fue confusión y caos. Los frascos se rompieron y todo volvió a empezar.

Lila Yolanda Andrade
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 628

Principio del hombre


En el fragmento publicado por Hilgenfeld, la tiniebla y la luz habían coexistido siempre, ignorándose, y cuando se vieron al fin, la luz apenas miró y se dio vuelta, pero la enamorada oscuridad se apoderó de su reflejo o recuerdo, y ese fue el principio del hombre.

Jorge Luis Borges
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 624

Olga Arias

Olga Arias

Olga Esther Arias Elenes, o simplemente Olga Arias, escritora nacida en la ciudad de Toluca, Estado de México, el día 25 de octubre de 1923. Fue madre de cuatro hijos: Enrique, Yolanda, Natalia y Dalia.

De familia revolucionaria y liberal: su padre fue el General de División J. Jesús Arias Sánchez, a quien el General Francisco Villa apodaba “El gallo”; fue uno de sus famosos “Dorados” más estimados por él. Su Madre doña Natalia Elenes de Arias fue descendiente directa de doña Ildefonsa Fernández Félix, hermana del General don Guadalupe Victoria, notable insurgente y Primer Presidente de la República Mexicana.

Corre por sus venas sangre de hombres de letras. Su abuelo materno el señor don Herlindo Elenes Gaxiola, considerado uno de los prosistas más notables del estado de Sinaloa. Darío Elenes Gaxiola, hermano de Herlindo y primo del duranguense Antonio Gaxiola, también poeta y prosista destacado de las letras sinaloenses. Así, Olga es poeta por herencia y formación. Sus primeras letras se las enseñó su padre, el general Arias y siendo aún pequeñita, cuando apenas cursaba el primer grado de primaria en la ciudad de México la maestra llevó al grupo de excursión al bosque de Chapultepec y de regreso en el salón de clases la niña escribió en su cuaderno: “En el lago los cisnes se deslizaban sobre el agua orgullosos de su plumaje”. La maestra se sorprendió del talento literario de la niña y llamó a su padre para notificarle lo sucedido. El viejo militar sensiblemente conmovido cortó la hoja del cuaderno y doblándola la guardó en su cartera. Aquel escrito lo conservó el general toda su vida en su porta documentos personal como si fuera un tesoro. Era nada menos que la primera composición literaria de una de las poetisas más importantes de América.

La educación primaria elemental la cursó en escuelas de diversas ciudades del país. Su padre por necesidades del servicio de su profesión andaba de un lugar a otro por lo que la infancia de Olga fue nómada.

En el año de 1935 radicó definitivamente en Durango. Pocos años después, en 1938 contrajo matrimonio con el señor Enrique Weber Lozoya, rico comerciante que valoró el talento y capacidad de su esposa y le dio facilidades para su desenvolvimiento. Ya casada, ingresó como oyente a la Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado y en menos tiempo del establecido terminó los estudios de la carrera de maestra de educación primaria.

No conforme con esa preparación y sabedora de lo que podía lograr, contrató los servicios particulares de eminentes personalidades de la cultura en Durango, para que le dieran clases, así como a la poetisa Cuca Guerrero Román, el presbítero David Ramírez, el licenciado en letras José Villalba Pinyama refugiado español y otros.

Con mucha satisfacción platicaba el señor Weber Lozoya que su esposa Olga no le pedía regalos en joyas o piedras costosas sino en libros de mucha calidad. Lo anterior se corrobora con la amplia y magnífica biblioteca que tenía en su momento Olga.

Notable poetisa durangueña cuyos poemas, algunos han sido traducidos al inglés, francés, portugués, italiano y otros. Autora de más de veinte libros de poesías, novelas y cuentos. Su pensamiento se ha grabado en cantera de monumentos públicos, donde están escritos fragmentos de sus poemas.

Algunos de sus versos grabados en bronce, hablan a las generaciones del presente y del futuro del profundo sentimiento de esta mujer singular. Siendo niña aún se trasladó a la ciudad de Durango, donde se estableció definitivamente y realizó su fecunda labor literaria. Ella se consideró duranguense por adopción y Durango se siente honrado con hija tan brillante.

Por más de 12 años fue directora del departamento de Extensión Universitaria de la Universidad Juárez del estado de Durango, donde sin contar con recursos económicos, realizó brillante labor en bien de la honorable institución. Estuvo al frente de la Promotoría Cultural de la Casa de la Juventud en Durango, donde se hizo sentir fuertemente la influencia de su capacidad y trabajo; también fue asesora cultural del Gobierno del Estado.

Su voz poética ha sido escuchada en numerosos recintos de México y de Europa, sobre todo de Francia, quien le otorgó un merecido reconocimiento. Su obra es amplia y fecunda, su poesía bella y significativa, donde las palabras vibran por su extensión y profundidad, en ellas canta al hombre, a la vida, a la naturaleza, a la mujer y cada tema alcanza en ella los ideales y sentimientos universales. Además de la poesía cultivó la novela, el ensayo y el cuento.

Entre algunas de sus obras están: Todas las amaron (novela) 1947; tres poemas (poesías) 1952, obras con las que inicia y entre las últimas “Nocturnos” en 1971, que fueron traducidas al francés y a otros idiomas, además de Mínimo Cardumen (poesías) 1978.

Recibió Diplomas de la Universidad de Juárez del Estado de Durango, del Centro Cultural Durangueño, del Círculo literario Argentino, Antorcha de Chile, Grupo de escritores de Venezuela, Sociedad Chihuahuense de Estudios Históricos. Además de la Presea Francisco Villa y Orquídea de Plata[1].

Daguerrotipo

Informo que las cosas han cambiado, o que, por lo menos, pueden ser diferentes.

Todos hemos visto al diablo, vagabundo menesteroso, como una sombra harapienta y derrengada, de silueta lastimera y pasos temerosos, junto a los basureros, o por las alcantarillas, conviviendo con las ratas y mezclado con los detritus. Lo hemos encontrado compartiendo la pitanza con las moscas y las cucarachas, y nos hemos reído con sus artes anacrónicas, ya superadas y con mucho, por cualquier aprendiz de prestidigitador en las carpas de los barrios paupérrimos. Lo hemos hecho girar, a la manera de un trompo, tratando de cogerse la cola con los dientes y lo hemos desaguado por todas las letrinas.

Pero, informa, las cosas no continuarán así, alguien ha logrado unir al mejor de los hombres con el más perfecto de los ángeles y de esas insólitas nupcias, resultará el maligno que nos corresponde.

Los envejecidos miembros de la decadente monarquía infernal, lo saben y, en favor del nuevo amo, ya se preparan para labores domésticas y serviles, que no los humillará tanto como su condición actual y sí, los premiará con el espectáculo del humano amenazado.

Olga Arias
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 623

Cosas de la vida

De vez en cuando la pieza donde trabajo se inunda. El agua sube unos diez o quince centímetros. Cuando empieza el gluglú, voy al comedor y allí me instalo con todo y máquina. En el comedor, con cierta frecuencia, el piso se cubre de clavos. Como tengo la costumbre de levantarme cada rato, para caminar de pared a pared, porque así se me ocurren cosas, los clavos, es natural, estorban. Entonces cojo la máquina y voy a mi cuarto. Sucede que a veces mi cuarto se llena de plumas. Para decir la verdad: las plumas esas no son nada feas; pero apestan como si sus pájaros se hubieran vomitado en ellas. Así, hay que salir. Si sucede en la noche, agarro lo más pronto posible los cojines y cobijas y tiendo la cama en el suelo del comedor o de la pieza donde trabajo.

Todo esto no me es agradable. Un día hasta se lo reproché, claro que suavemente, al administrador del edificio. Él me contestó: “Mi querido señor, usted duerme con las ventanas abiertas. ¡Cómo quiere que no entren las plumas!” Creo que hasta cierto punto tiene razón. Además no hay que exagerar las cosas. Después de todo, el agua no sube jamás arriba de diez o quince centímetros y los clavos desaparecen tan de repente como aparecen. Las plumas, si. Pero salgo del cuarto, y ya. Y nunca, o casi nunca, ocurre al mismo tiempo lo de los clavos, las plumas y el agua. En fin, cosas de la vida.

Aunque de vez en cuando me entra el miedo de que algún día…

Mariana Frenk
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 622

Los cuervos bien criados


Los cuervos bien criados

Cerca del Bosque de Chapultepec vivió hace tiempo un hombre que se enriqueció y se hizo famoso criando cuervos para los mejores parques zoológicos del país y del mundo y los cuales resultan tan excelentes que a la vuelta de algunas generaciones y a fuerza de buena voluntad y perseverancia ya no intentaban sacar los ojos a sus criadores sino que por lo contrario se especializaron en sacárselos a los mirones que invariablemente y dando muestra del peor gusto repetían delante de ellos la vulgaridad de que no había que criar cuervos porque le sacaban a uno de los ojos.

Augusto Monterroso
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 619