Otra vez “Le corbeau et le renard”


El cuervo, subido a un árbol, estaba no con un queso según dice la fábula clásica, sí con un sangriento pedazo de carne en el corvo pico. Llegó el zorro. El olor lo hizo levantar la cabeza, vio al cuervo banqueteándose, y rompió a hablar:

—¡Oh hermoso cuervo! ¡Qué plumaje el tuyo! ¡Qué lustre! ¿No cantas, cuervo? ¡Si tu voz es tan bella como tu reluciente plumaje, serás el más magnífico de los pájaros! ¡Canta, hermoso cuervo!

El cuervo se apresuró a tragar la carne, y dijo al zorro:

—He leído a La Fontaine.

Álvaro Yunque
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 174

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Vieja estampa


Dos criados abren presurosos, a la curiosidad de los desocupados, las pesadas hojas de la puerta, cuyos tableros de cedro ostentan —en rica obra de talla— las armas de las Castillas, de los Mendozas, de los Altamirano de Velasco.

Tirada por piafantes brutos, sale la carroza, con muelles sacudimientos, de la penumbra del zaguán al deslumbramiento de la calle.

El conde de Santiago de Calimaya se encamina al palacio del Virrey. Han llegado pliegos de la Metrópoli que tratan de asuntos graves. La Real Audiencia y el Arzobispo tienen en la Corte poderosos valedores.
Y mientras pasa la carroza rebotando por el empedrado de la calle de Flamencos, los indios se descubren, los criollos se detienen curiosos.

Indiferente a todos, tras los cristales, el señor conde toma rapé de una caja de oro, con sus dedos descarnados y temblorosos.

Julio Torri
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 166

Álvaro Yunque

Álvaro Yunque

(La Plata, 1889 – Tandil, 1982)

Escritor argentino. Aunque su verdadero nombre era el de Arístides Gandolfi Herrero, firmó sus obras con el pseudónimo literario de Álvaro Yunque, con el que fue conocido dentro y fuera de su país natal. Humanista fecundo y polifacético, está considerado como una de las voces más significativas de la intelectualidad progresista argentina del siglo XX.

Nacido en el seno de una familia acomodada —era hijo del milanés Adán Gandolfi y de la ciudadana argentina Angelina Herrero Palacios, nieta de un coronel rosista—, fue el mayor de ocho hermanos. En 1896, cuando el pequeño Arístides contaba siete años de edad, la familia Gandolfi-Herrero se afincó en Buenos Aires. En 1901 ingresó en el Colegio Nacional Central y siete años después Arístides Gandolfi Herrero se matriculó en la Universidad de Ciencias Exactas y Naturales de Buenos Aires para cursar estudios superiores de Arquitectura. Pero en 1913, cuando estaba a punto de licenciarse como arquitecto, abandonó sus estudios de arquitectura para consagrarse de lleno al periodismo y al cultivo de la creación literaria.

Desde comienzos de la década de los años veinte, Arístides Gandolfi ejerció como uno de los más bulliciosos animadores de la vida cultural bonaerense. Adscrito primero a la denominada “Generación del 22”, pasó luego a convertirse en una de las figuras centrales del “Grupo Boedo”, un colectivo de escritores que, desde los planteamientos estéticos del realismo y la ideología izquierdista, propugnaba que el arte había de cumplir una función social, en contra de los postulados de otros grupos argentinos contemporáneos. Como Álvaro Yunque difundió sus primeros poemas y relatos a través de la editorial de la revista Claridad. Simultáneamente, participaba de un modo activo en el periodismo progresista, con frecuentes y polémicas colaboraciones en los principales rotativos y revistas de la izquierda argentina.

Hacia 1940, tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, comenzó a interesarse vivamente por el pasado histórico argentino, al tiempo que hacía pública su activa militancia antifascista. La dirección del rotativo El Patriota le condujo a la cárcel y al destierro, por lo que convivió en Montevideo con numerosos exiliados argentinos.

Entre 1961 y 1975, Álvaro Yunque continuó escribiendo nuevos poemarios, relatos y estudios históricos que, publicados junto a otras reediciones de sus obras anteriores, le convirtieron en uno de los autores más prolíficos de la Literatura argentina. Pero sus posiciones políticas y sus reivindicaciones sociales no eran del agrado de los dirigentes de la dictadura militar implantada en Argentina en la década de los setenta, por lo que en 1977 sus nuevas obras fueron censuradas y se prohibió la difusión de sus antiguos escritos, muchos de los cuales fueron echados a la hoguera. Discretamente recluido en la ciudad de Tandil, murió a comienzos de 1982, aún en pleno período dictatorial, cuando contaba noventa y dos años de edad[1].

Remedio


A la corte del tigre, señor de las selvas, legaron algunos animales sabios huidos de un circo ambulante.

Las costumbres de la corte eran crueles. El zorro, cortesano del tigre, quiso alarmar a éste:

—Quizás las costumbres de la corte lastimarán la sensibilidad de los animales sabios…

—Tenés razón —respondió el tigre—. Es necesario impedir que les ocurra esto a los animales sabios.

Y los expulsó de la selva.

Álvaro Yunque
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 159