Atmósfera de Horai


Esta atmósfera no es de nuestra edad humana, es de una antigüedad formidable; es tan antigua que sólo el pensarlo me hace temblar. Y no es un compuesto de nitrógeno y de oxígeno. No está hecha solamente de aire, sino de espíritus; es la sustancia de quintillones y de quintillones de generaciones mezcladas en una inmensa forma translúcida; es la enorme masa de incontables almas de seres que nunca imaginaron parecerse a nuestras formas. Todo mortal que respira aquella atmósfera se inocula en su misma sangre la emotividad de aquellos espíritus, y éstos le cambian sus sensaciones, reformándole su noción del Tiempo y del Espacio, y, por consiguiente, ya no puede ver más que como los espíritus vieron, y sentir como ellos sintieron, y pensar como ellos pensaron. Y estos cambios de sensibilidad se efectúan de un modo tan plácido como si se estuviera durmiendo el más amable de los sueños…

Lafcadio Hearn
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 187

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