Ulises

Sus días eran eclipses, sus noches: blancos. El insomnio fue siempre un puerto, el proyecto vital un barco. Sueño de los ojos que se sueñan divisando Itaca y los prodigios. El nunca se percató de ese manto; sus ojos un día se curvaron como las olas en el horizonte sin fin y sin principio. Un día soñó que lo soñaron: se levantó, entró a la Iliada y sigue recalando en los puertos fantasmas del presagio.

Jennie Ostrosky
No. 102, Abril-Junio 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 155

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