La transformación

Empezó a sentir desde el otoño que algo raro estaba sucediendo. Uno de sus brazos pesaba más de lo acostumbrado, y cosquilleos extraños recorrían el resto de sus miembros, como si una sangre nueva circulara a través de ellos. Al principio se resistió a lo que adivinaba como una transformación, pero después se dio por vencido, pensando que en todo caso, poco podía hacer para oponerse a esa inexplicable y poderosa fuerza que le provocaba tales sensaciones.

Y en esa clara mañana de invierno escuchó el retoño humano, al dirigirse con gritos alarmados a su madre:

—¡Mira, mamá, éste manzano tiene en una de sus ramas un enorme racimo de plátanos!

—Reza conmigo, hijo, —dijo ella, abriendo en forma monstruosa el orificio parlante, ubicado arriba de su rodilla izquierda—; ¡Ha empezado a cumplirse la última etapa de la tercera mutación!

Mario Quiroz Lecón
No. 102, Abril-Junio 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 166

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