Por la vertiginosa pendiente de las ciudades

Deseo despierta bajo las sábanas húmedas de sueño y de semen. Deseo bosteza. Deseo camina hasta el espejo y contempla sus enormes ojeras. Contempla la ciudad inmensa, cosmopolita, gris. Escucha las voces, los claxons, las sirenas de las fábricas, las trompetas y los tambores. Escucha la confusión de las lenguas. Deseo orina en el lavabo y el burbujeo amarillo y caliente lo hace reír. Deseo ríe y orina y contempla y escucha y defeca. Deseo saca la lengua por la ventana y prueba la suave textura del aire. Deseo baja (o sube) a la ciudad. Camina los parques y las calles, camina las gentes que lo cruzan inadvertidas, siguiendo una baba del diablo o un pagaré. Deseo salta y se asoma a los ojos abúlicos del adolescente. Deseo respira. Reconoce un espacio del que fue expulsado, reconoce y respira como engulléndolo. Deseo está en los pies que lo caminan. Es el paso y la voz, es el grito. Flota en el aire, ubicuo, como el fantasmático globo rojo de la infancia. Emerge de las alcantarillas. Desborda las casas y los parques. Deseo se instala en los intersticios de las palabras. Deseo toma (por asalto) la palabra. Dice su nombre y es el nombre. Deseo designa. Y transfigura. Deseo es espejo que desvela el rostro otro de la ciudad. Abre puertas y ventanas, como vulvas, y devora. Abre las piernas de esta página y te mira.

Armando Pereira
No. 102, Abril-Junio 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 202

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s