La musa


Cuando la pequeña esté bien convencida de que sois un hombre de genio, sin no obstante rendirse aún, entonces violad sin temor la última frontera del ridículo: consagradle vuestra musa. Leedle vuestras obras hasta el descorazonamiento. Pedidle su opinión sobre la menor frase, el lugar de una palabra, de una coma; escuchad sus observaciones con éxtasis; felicitadla por su admirable instinto que le hace encontrar hallazgos a cada instante y sin estudio. Aseguradle que seguiréis sus consejos. Recopiad en fin, el poema que habéis compuesto hace veinte años para vuestra primer amante. Y dedicádselo. El mismo poema, si es suficientemente vago, puede servir para seis docenas de musas. Si la Musa no cae del Olimpo después de todo esto, es que no hay nada que hacer.

Jean Dutourd
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 617

Anuncios

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s