Tercer grado

La luz daba de lleno en sus ojos, el sonido sibilante, ominoso, se clavaba profundamente en su cerebro, el sabor salobre de la sangre y el lacerante dolor casi lo desmayan. —Mentalmente se repetía: No debo hablar… no lo haré, …no debo hablar… no. —El sudor bañaba su cara… sus manos se crispaban y…
—¡Basta!… ¡basta!… ¡ayyy!…
—Le pedí que no hablara —dijo el dentista dejando el taladro— seguiremos después…
Bajo la mirada severa, salió avergonzado y tembloroso del consultorio.

Francisco Moncayo Ruiz
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 650

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Dos vidas y un verano

En ese momento, las gotas de la lluvia se estrellaban contra la lámina del automóvil. Golpeo de lejanía, escuchado suave y monótono. Sonido vago, como el juego de palabras que había estallado en el interior del auto, hacia unos momentos:

—¿Entonces, no quieres que nazca el niño?

Pregunta femenina escupida con lágrimas e incertidumbre.

Ahora, silencio de palabras lluviosas y de cristales bañados de verano. Y yo: parte de cigarro convertido en huno; y ella: ansiosa espera de una respuesta negra o rosa. Final de pretérito amor entre los dos: sexo, esfuerzo, orgasmo y, ahora, la apatía.

—No.

Y ese No, firme, seco, cayendo como gota en el cristal del auto: quitando la mancha del viril sentido.

Recuerdos, sonrisas y sollozos, olvidados.

Un No de decisión inquebrantable de vivir.

Ernesto Cervantes Martínez
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 648

Metaforología

El tornillo no quería dar su cuerpo a torcer.

El piano desafinado no sabía dónde meter la cola.

El tubo de la pasta sufre angustia cuando van a exprimirle las entrañas.

El aldabón de la puerta cuelga ansioso esperando e apretón de una mano femenina.

La sociedad está tan bien organizada que le niega trabajo al pájaro carpintero.

Estaba en el grupo: para poder verse salió del marco.

Felipe Montilla Duarte
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 644

El premio

“Ahora llegará la vecina del 3…” —En poco tiempo oyó el taconeo alegre; esperó que el anciano del 2 abriera su puerta para saludarlo, pero, no lo hizo; debía seguir delicado. Silencio… el reloj dejaba oír su golpeteo. Casi era hora que llegara el vecino del 5…; la espera se llenó de ruidos comunes; muebles arrastrados, murmullos de charlas, utensilios chocando… Oyó, al fin, frenar un carro, allí llegaba…, pero, lo acompañaba alguien… unas pisadas desconocidas…; elucubraba sobre una visita al vecino, cuando tocaron a su puerta, levantándose fue a abrir…

—Estimado señor, no dudo que usted esté viendo el canal 6 en su televisor… por ello la Compañía Plus le otorga un premio extraordinario… un viaje… señor… señor… se…

Las palabras se perdieron en un murmullo; anonadado, cerró lentamente la puerta; su desazón era tanta que chocó contra una silla… se sentó, cerró los párpados sobre sus pupilas ciegas y quedó escuchando… escuchando…

Francisco Moncayo Ruiz
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 644