Dos vidas y un verano

En ese momento, las gotas de la lluvia se estrellaban contra la lámina del automóvil. Golpeo de lejanía, escuchado suave y monótono. Sonido vago, como el juego de palabras que había estallado en el interior del auto, hacia unos momentos:

—¿Entonces, no quieres que nazca el niño?

Pregunta femenina escupida con lágrimas e incertidumbre.

Ahora, silencio de palabras lluviosas y de cristales bañados de verano. Y yo: parte de cigarro convertido en huno; y ella: ansiosa espera de una respuesta negra o rosa. Final de pretérito amor entre los dos: sexo, esfuerzo, orgasmo y, ahora, la apatía.

—No.

Y ese No, firme, seco, cayendo como gota en el cristal del auto: quitando la mancha del viril sentido.

Recuerdos, sonrisas y sollozos, olvidados.

Un No de decisión inquebrantable de vivir.

Ernesto Cervantes Martínez
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 648

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