La voz

Y entonces: Una Voz habló. De dolor, de nobleza, de bienes imperecederos, de luchas por una causa justa, de hermandad, de ayuda al prójimo y dijo también de respeto, de libertad y de indulgencia.

La humanidad entera guardó silencio sobrecogida. Cuando La Voz empezó a hablar de La Luz:

La tierra toda, se iluminó con el resplandor de luces gigantescas cuyo humo en forma de hongos se elevó hasta lo infinito.

—Y La Voz calló por toda una eternidad.

Flor María Novoa Zazueta
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 681

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Yoga

Mi ejercicio de yoga lo practiqué como todos los días. Mi práctica de relajamiento se desenvolvía normalmente. Boca arriba, los pies ligeramente separados, las manos laxas con las palmas hacia arriba.

Más de repente mi concentración en el entrecejo, formó un círculo que se fue ensanchando, ensanchando: hasta convertirse en un haz de luz que me atraía irremisiblemente… Unas ansias superiores a mí me obligaron a entrar en el cono luminoso, el círculo, a medida que fui descendiendo, fue disminuyendo de diámetro hasta permitir únicamente el paso de un hombre de mi talla: delgado, bajito e insignificante.

Asomé la cabeza por el orificio y me encontré en el espacio, oscuro, misteriosos y atrayente, empecé a dar pasos gigantescos, levitando suavemente en la inmensidad.

Brinqué sobre la Luna, pasé Marte, Júpiter, Saturno. Me deleité con los frutos más raros y deliciosos de Venus. En la nebulosa de las Pléyades saludé a mis antepasados y mis descendientes corrieron presurosos a besarme la mano; exploré oquedades en Ofiuco y en la Nebulosa de Orión encontré mi imagen reproducida cien veces.

Empecé a girar vertiginosamente hasta sentirme atraído a mi lugar de origen.

El Gurú, con voz monótona, seguía dirigiendo el relajamiento.

Vestí mi traje gris rata. Me despedí cortésmente de mis compañeros. Tomé mi portafolio tan insignificante como yo y me dirigí a la tienda donde trabajo hace veinte años.

Flor María Novoa Zazueta
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 671

Mi amigo

—Haz sido amable, inconsciente, tierno y algunas veces egoísta: A pesar de esto, nos hemos llegado a cobrar cariño, ¿verdad?

—¡Callas! … sin embargo en  muchas ocasiones tu ternura llegó a conmoverme, las cosas dulces que musitaste a mi oído, me han hecho estremecer de felicidad, nunca me has tocado, pero tu presencia dentro de mi habitación día y noche han hecho que te haya llegado a querer.

—¿Recuerdas? Tu fuiste el primero en informarme de aquel trabajo, cuando en la alacena no había más que ratones flacos que habían devorado hasta las últimas migas de pan que nos quedaban. Tú me diste la nueva: Cincuenta pesos diarios, casa y comida. Te besé alocadamente y me despedí de ti.

—Volvimos a encontrarnos algún tiempo después en nuestro mismo cuartito; tu: hermético e indiferente como siempre, me diste la noticia:

—¡El murió ayer!

—Entonces no te besé; sentí odio hacia ti; aunque ahora lo reconozco; tu no tenías ninguna culpa.

—Hoy… ¡Amigo! Ha llegado el tiempo de decirte adiós. Hace tiempo estás más hermético que de costumbre, ya no oigo tus charlas; unas veces tontas, otras agradables, las más intrascendentes.

—No tengo con que seguirte pagando: De la compañía de teléfonos avisaron que vendrían a recogerte hoy por la tarde.

Flor María Novoa Zazueta
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 653