De brujos

Nos gustaba volar sobre los tejados de la ciudad dormida:

Era un extraño placer sentir los sueños de los durmientes azotándonos el rostro, como el viento.

A veces nos introducíamos en las doncellas vírgenes: las gozábamos hasta saciarnos, y luego, al amanecer, salíamos de prisa, dejándolas intactas.

Si por error traspasábamos los pensamientos de alguna de las llamadas “pecadoras”, huíamos horrorizados: porque en el fondo, eran más puras que muchos sacerdotes.

Cuando acabó nuestra secta, volvimos a la tierra: y nos hicimos rubios.

Francisco Álvarez Q.
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 659

Individualismo

Érase una vez lo que antes llamaban un rebelde y ahora conocemos como un niño-flor: un joven inconforme que no quería pensar, casarse o bañarse como todos los demás lo hacían.

Pensó protestar.

—¿Por qué hemos de ajustarnos a los preceptos de una sociedad ridícula? —se decía a sí mismo—. Vemos claramente que los procesos sociales actuales destruyen al individuo, lo masifican, lo acomplejan y aniquilan. El hombre tiene suficiente potencial en sí mismo para decidir cómo vivir su vida, para pensar sin necesidad de depender del criterio de una masa amorfa que lo obliga a actuar en contra de su voluntad. Yo voy a ser por mí mismo. ¡Viva la individualización!

Y el joven flor salió a buscar a otros muchachos que lo apoyaran en una manifestación…

Haney Bringas
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 658

El viaje prematuro

Un grupo de marcianos lo torturaban. A los marcianos no les gustan los intrusos. Todos son portadores de ese extraño virus (extraño para los marcianos, claro) que se conoce con el nombre de Mal. Y no les gusta por los múltiples problemas que acarrearía si lograra cundir entre ellos: que si antídotos, que si hospitales, etc. Por esto lo torturaban. Por eso le destrozaban la piel: posiblemente para incinerarlo después. Y él gritaba de dolor y de miedo, pero su voz se quebraba con el tremendo ruido que los marcianos hacían con sus bocas metálicas, se apagaba por el ruido de sus voces… de sus vo… ¿de qué?… ¿Qué ruido?… “el ruido de esta maldita nave que no arranca todavía de la tierra”.

Pedro Crespo
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 657

Extraña coincidencia

La muerte consulta su calendario y sale en busca de “F”, quien se pasea melancólicamente por el malecón triste y solitario. Cuando la muerte va a asestar el golpe mortal, tropieza, y su guadaña cae al mar. “F” voltea rápidamente, y reconociendo a la muerte, le dice: “Concédeme un deseo si rescato tu guadaña”. La muerte acepta y “F” se lanza al agua. Al poco tiempo sale a la superficie y entrega el instrumento de trabajo a la muerte. Esta le dice: “Y bien, ¿cuál es tu deseo?”. “Morir”, contesta “F” y se hunde para siempre.

Efraín Astudillo Ávila
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 657