De brujos

Nos gustaba volar sobre los tejados de la ciudad dormida:

Era un extraño placer sentir los sueños de los durmientes azotándonos el rostro, como el viento.

A veces nos introducíamos en las doncellas vírgenes: las gozábamos hasta saciarnos, y luego, al amanecer, salíamos de prisa, dejándolas intactas.

Si por error traspasábamos los pensamientos de alguna de las llamadas “pecadoras”, huíamos horrorizados: porque en el fondo, eran más puras que muchos sacerdotes.

Cuando acabó nuestra secta, volvimos a la tierra: y nos hicimos rubios.

Francisco Álvarez Q.
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 659

Anuncios

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s