La mentira

—¿Verdad mamá que las brujas no existen?

—¡Por supuesto que no!

Arropó a su hijo cuidadosamente, le acarició la frente y esperó un instante junto a la camita. Cuando vio al niño dormido, se quitó las piernas, las guardó en un cajón de la cómoda y salió volando por la ventana.

Ignacio Ibarra Mazari
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 667

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