El entierro

Definitivamente una mañana soleada y alegre no es conveniente para sepultar a un muerto. La alegría de la vida se filtra materialmente en los poros de nuestra piel y durante el cortejo fúnebre uno no puede pensar más que en vivir. Las caras de los niños que corren por las calles nos llenan de contento a pesar de nuestra pena, y el sol, y el aire, y las flores, y todo, tal parece que se han puesto de acuerdo para robarnos nuestra tristeza. Uno se fume entonces un cigarrillo para tratar sinceramente de apoderarse del dolor, pero todo es inútil. Hasta que una nube compasiva cubre el sol. Entonces la mañana se obscurece y las lágrimas fluyen espontáneamente a nuestros ojos.

Efraín Astudillo Ávila
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 682

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