Insomnio

Padecía espantoso insomnio. Muchas y largas noches había pasado sin poder dormir. Infinitas noches de vigilia lo habían demacrado tanto que su cara tenía la palidez de la cera. ¡Por fin un médico logró hacerle conciliar el sueño! Y cuando logró dormir tuvo un sueño que le hizo despertar sobresaltado: ¡había estado soñando que se dormía y ya no despertaba jamás!

Ricardo Fuentes Zapata
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 682

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La verdad

Era una experiencia única.

Corrió hacia el espejo para mirarse otra vez. Pero el espejo permaneció despoblado.

Tuvo entonces la certeza absoluta de que de veras estaba muerto.

Ignacio Ibarra Mazari
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 682

El sueño

La joven María, en cama con alta fiebre, soñó que se había muerto. Como había sido buena se encaminó directamente al Cielo. En su delirio voló gozosa hasta dar con las puertas del Paraíso, allá en lo alto, muy alto. Sus hojas estaban chapeadas de oro fino, fijadas con bisagras de brillante plata y clavos de esmeralda.

Llegó María volando al Cielo. Las puertas se abrieron acogedoras. Ángeles y Serafines le formaron cariñosas filas. Músicos y danzantes la rodearon haciendo sonar en el baile sus instrumentos sonoros. Las alas de todos se extendían.

Corrió María, ya dentro, a buscarse sitio. Pero el cielo estaba todo él lleno. Hay en la tierra más gente buena de lo que parece. Como la joven se llamaba María indagó dónde se cobijaban las Vírgenes de su nombre. María Magdalena, la Madre de Jesús, precisamente la acogió cariñosa. Su abrazo fue tan apretado que la joven María despertó. Notó que se había acostado con fiebre y que despertaba sana, normal. Se levantó para ayudar a los suyos.

Francisco Azorín
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 682

El extranjero

¿Decís que deseáis saberlo? … De donde yo vengo, ahí, en ese lugar, se da el fruto del árbol del bien y del mal: Comed; aquí he traído algunos: Más tened presente que después de comerlos, tendréis que arrastraros sobre vuestro vientre, por toda la eternidad.

Francisco Álvarez Q.
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 682