Manos juntas

Está con las manos juntas. Ella, yo y la vida en otro sitio. Estamos ahí y aún en silencio nos entendemos: sé que a ella también le molesta el ruido y la luz y le necedad de quienes nos rodean. Quedo, muy quedo, le suplico: “No te vayas”. Me escucha sin responder y trato de convencerla: “Que voy a hacer sin ti”, insisto. “Me faltará tu fuerza, tu ternura. ¿Quién alentará el final de mis días agotados?”

Ella, desde donde está, permanece silenciosa. Yo, continúo viéndole las manos juntas a través del vidrio de su caja fúnebre.

María Jesús Barrera
No. 118, Abril-Junio 1991
Tomo XX – Año XXVIII
Pág. 251

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s