Muerte en Venecia


Sentado a la mesa entre opulentas mujeres del Tiziano y torvos condotieros del Giorgione, el cardenal desvía imperceptiblemente los ojos y los detiene en un rincón donde un paje parece soñar despierto. El cardenal sabe que a un ademán suyo el paje correrá a servirle más vino. Sabe que luego lo precederá por las logias, empuñando una tea, hasta su alcoba. Y que se arrodillará a sus pies cuando él le dé una bendición. Pero también sabe que él es, para el paje, el recuerdo anticipado que treinta o cuarenta años después ese muchachito tendrá de un viejo cardenal que lo miraba con ojos de dolor.

Marco Denevi
No. 118, Abril-Junio 1991
Tomo XX – Año XXVIII
Pág. 249

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