Montaña-marina-de-la-madre


“Has de saber que en los tiempos antiguos bajó a esta montaña una gennia de la raza de los genn chinos. Y he aquí que un día en sus excursiones terrestres tropezó con un hombre y le amo con amor apasionado. Pero temiendo por ella la cólera de los genn de su raza, si se divulgaba la aventura, cuando ya no pudo reprimir el ardor de sus deseos, se puso en busca de un paraje solitario donde ocultar su amante a los ojos de sus parientes los genn, y acabó por dar con esta montaña desconocida de hombres y de genn, por no ser camino ni estos ni de aquellos. Se apoderó entonces de su amante y le transportó por los aires para depositarle en esta isla, donde hubo de vivir con él. Y de cuando en cuando se ausentaba de aquí para hacer acto de presencia entre sus parientes, dándose prisa por regresar enseguida, ocultamente, junto a su bien amado. Con lo cual, al cabo de cierto tiempo de llevar aquella vida, quedó encinta de él varias veces, y echo al mundo en esta montaña numerosos hijos. Y cuando pasaban cerca de esta montaña los mercaderes que viajaban por acá, oían desde sus navíos voces de niños que parecían los gritos quejumbrosos de una madre lamentándose, y se decían: “¡En esta montaña debe haber alguna pobre madre que perdió a sus hijos.” Y ese es el motivo de tal nombre”.

Las mil noches y una noche
No. 35, Abril 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 341

Georges Ribemont-Dessaignes

Georges Ribemont-Dessaignes

(Montpellier, 1884-Saint Jeannet, 1974)

Escritor francés. Fue uno de los miembros más destacados del dadaísmo.

Pintor y compositor, debe su fama sobre todo a sus piezas de teatro (El emperador de China, 1916; El verdugo de Perú, 1928; Fausto, 1931), a sus novelas (Ariana, 1925; Elisa, 1931) y a sus memorias y ensayos (Fronteras humanas, 1929; Ya antaño o Del movimiento dadá al espacio abstracto, 1958)[1].

Ablusiones adecuadas


El sabio dijo: “¡En verdad que contestaste de un modo excelente! Pero ¿Qué hacen los ángeles y los demonios junto a aquel que practica sus abluciones?”

Simpatía respondió: “Cuando el hombre se prepara a verificar sus abluciones, loa ángeles se colocan a la derecha y los diablos a la izquierda; pero no bien pronuncia la fórmula inicial: “¡En el nombre de Alah!”, los diablos se ponen en fuga y los arcángeles se aproximan a él, desplegando sobre su cabeza un dosel luminoso de forma cuadrada que sostienen por las cuatro puntas, y cantan alabanzas a Alah e imploran el perdón de los pecados de aquel hombre. ¡Pero en cuanto se olvida él de invocar el nombre de Alah o deja de pronunciarlo, los diablos vuelven tumultuosos, y trabajan todo lo posible por turbarle el alma, sugerirle la duda y enfriarle el espíritu y el fervor!”.

Historia de la docta Simpatía, en Las mil y una noches
No. 35, Abril 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 335